Russian satellite plays 'cat-and-mouse' with a commercial US spacecraft likely used by Ukraine. But why the risky close encounter?

Rusia juega al 'toca-toca' espacial con Ucrania

politica Una ilustración conceptual y satírica en estilo arte digital oscuro. Dos satélites metálicos en la órbita terrestre; uno es grande y agresivo con colores industriales rusos, el otro es pequeño y moderno. El satélite grande está casi tocando al pequeño, simulando un juego de acecho. Al fondo, la curvatura de la Tierra con luces de ciudades y una atmósfera fría y tensa. Estilo cinematográfico, alta resolución, sin texto.

A veces, el ego político no cabe en la Tierra y necesita subir a la órbita baja para sentirse importante. Entre el 15 y el 19 de octubre, el satélite ruso Kosmos 2612 decidió jugar al 'pegamento' con el ICEYE-X36, una nave comercial estadounidense que, básicamente, es el ojo que no parpadea de Ucrania.

No fue un encuentro casual ni un saludo cordial; fue un acercamiento no consensuado que, según Marco Langbroek, llegó a reducirse a unos pocos metros. Imagínense el despliegue: gastar combustible —que en el espacio es como gastar oro líquido— solo para respirarle en la nuca a un satélite privado.

Para los que no hablen 'espacial', el ICEYE-X36 usa radar de apertura sintética (SAR), lo que significa que ve a través de las nubes y en plena noche, ideal para que el Ministerio de Defensa de Ucrania sepa dónde están las tropas rusas sin tener que esperar a que salga el sol.

Rusia, que ya tiene el hábito de acosar hardware ajeno (como hizo el Kosmos 2543 con el USA 245 en enero de 2020, o el Kosmos 2558 con el USA 326 en agosto de 2022), ha decidido que ahora también quiere molestar a las empresas privadas. Victoria Samson, de la Secure World Foundation, lo traduce al lenguaje humano: los rusos están frustrados.

En tierra, los drones ucranianos les están dando una lección de humildad, así que han subido al espacio para recordar que, en el tablero de los satélites, ellos siguen teniendo el mando. Es la versión orbital de 'en mi casa mando yo', una demostración de fuerza para compensar el estancamiento militar de los últimos seis meses.

Mientras tanto, la Space Force se queda callada y nos enteramos de estas 'travesuras' por civiles que miran datos públicos. Una transparencia que da risa.

Crítica:

El texto original es demasiado amable con la 'curiosidad' rusa. Le falta subrayar que usar activos militares para acosar infraestructura civil es una línea roja que el autor apenas roza.

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