La ansiedad, hoy considerada el trastorno de salud mental más frecuente en España, se manifiesta cuando el cuerpo percibe una amenaza. La Organización Mundial de la Salud indica que en 2021 afectó a 359 millones de personas, con mayor incidencia en mujeres que en hombres. Los síntomas, que suelen aparecer desde la infancia o adolescencia, incluyen irritabilidad, inquietud, dificultad para concentrarse, palpitaciones y trastornos del sueño.
Sin embargo, la presión social y la personalidad también juegan un papel crucial. Ángela Fernández, psicóloga especializada en regulación emocional, reveló en una publicación de TikTok que las personas que padecen ansiedad comparten tres rasgos de personalidad que, si no se gestionan, pueden intensificar el malestar.
El primero, la alta responsabilidad, se traduce en autoexigencia, disciplina y una búsqueda constante de la perfección. Desde la infancia, la sociedad suele alabar a quienes cumplen con estos estándares. “Si quieres trabajar tu ansiedad, debes aprender a ser flexible”, señala Fernández.
El segundo rasgo, el exceso de amabilidad, se refleja en la generosidad y la falta de límites, dejando poco espacio para el autocuidado. “Deben pasar a la acción y poner límites”, aconseja. El tercer rasgo, el neuroticismo, implica inestabilidad emocional, impulsividad y una constante alerta que dificulta la relajación.
Para estos individuos, actividades que promuevan la serenidad y la tranquilidad diaria resultan esenciales. La psicóloga enfatiza que la clave está en adoptar una mirada flexible y compasiva, evitando la trampa de la autoexigencia y el perfeccionismo. La ansiedad, aunque natural, puede convertirse en una carga cuando la personalidad amplifica la sensibilidad al estrés.
La comprensión de estos rasgos facilita estrategias de afrontamiento más efectivas, permitiendo que las personas no solo reconozcan su ansiedad, sino que también la manejen con mayor resiliencia.
Crítica:
El artículo simplifica excesivamente la complejidad de la ansiedad al reducirla a tres rasgos; la falta de referencias clínicas limita su credibilidad.
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