El Sescam aparta a la pediatra de las citas fantasma de Sonseca (Toledo)

Citas fantasma, el golpe de la pediatra

social Interior de un centro de salud, pasillo con estanterías de carteles médicos, una sola silla vacía, una luz tenue y un reloj de pared con las manecillas detenidas, sin nadie en la sala de espera, sin tráfico, sin gente, sin sonido

En Sonseca, un pueblo que ya cansó de las citas que no existen, la salud se volvió más de lo que parece. La historia se abre con el eco de un pasillo vacío y la palabra «fantasma» que, en este caso, no se refiere a espíritus sino a reservas de consulta que la pediatra del centro de salud cerró sin pedir permiso.

Durante cuatro o cinco días, seis o siete citas—algunas en persona, otras a través de la pantalla—se despidieron de la agenda sin que las familias los solicitaran. Una madre, con la paciencia de un corredor de finanzas que descubre que la cuenta bancaria se ha quedado sin fondos, le contó al Gobierno de Castilla-La Mancha (CMM) que en la mañana llegaba a la clínica, encontraba la sala vacía y se preguntaba si había sido víctima de un apagón.

El servicio de salud de Castilla-La Mancha (Sescam) fue el que decidió actuar. La portavoz Esther Padilla, con la calma de un taxista que ha visto más días de tráfico que de tráfico, dijo que la respuesta fue inmediata y contundente: la médica fue apartada del centro. La frase “ya no está pasando consulta en Sonseca” suena a que la crisis se quedó en la mesa de la cocina y no en la sala de espera.

El problema no es solo la ausencia de atención, sino la forma en que la profesional se subió al escenario sin invitación: cerró citas con la misma facilidad con que uno deja de pedir un extra en la factura de la comida. Es una manzana que se cae sin que el vecino la note, y la comunidad se queda con la sensación de que el sistema tiene más trucos que un vendedor de pulgas.

La Sescam, que maneja cientos de puntos de atención, sostiene que la mayoría de sus profesionales son comprensivos y delicados con la ciudadanía, lo que hace que la excepción sea aún más sorprendente. Pero la lección se ha aprendido: si alguien intenta hacer lo mismo, el sistema no dudaría en ponerle la palabra “pérdida” en su expediente.

Eso es, en definitiva, la lección del día: la salud pública no se puede cerrar con la misma facilidad con la que se hace un descuento en la caja. Con la cita fantasma de la pediatra como caso de estudio, el mensaje es claro: la comunidad no tolera que se juegue con la atención médica como si fuera un juego de “adivina quién”.

Crítica:

El titular suena más a un rumor que a un hecho; falta explicar si la pediatra tuvo motivos justificados o si simplemente jugó con la agenda. El artículo no profundiza en la política de citas del Sescam, quedando una laguna de contexto.

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