El triple financiador de la cátedra de Begoña Gómez declara que nunca supo el destino de los fondos que aportó

Torres financió la cátedra... y ni sabía dónde

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  Una escena surrealista en una cafetería universitaria: un hombre de traje (Torres) entrega un sobre con un billete de 6.000 euros a una mujer elegante (Begoña Gómez) mientras una tercera persona (Cristina Álvarez) toma notas con una libreta etiquetada 'SEGURIDAD'. Al fondo, un cartel de la Complutense con la palabra 'CÁTEDRA' tachada y reemplazada por un signo de interrogación. La luz es cálida pero artificial, como en un reality de política. Detalles clave: un café derramado sobre un contrato sin firmar, un móvil con notificaciones de 'LA RAZÓN' y un agujero negro en el centro de la mesa donde debería estar el justificante.

La cátedra que nadie pagó... o sí, pero sin factura. José María Torres, el mecenas accidental de la cátedra extraordinaria que Begoña Gómez —esposa del presidente Pedro Sánchez— codirigía en la Complutense, ha solitado ante el juez con la elegancia de quien descubre que su cheque de 6.000 euros se lo tragó un agujero negro burocrático.

«Nadie me explicó el destino de los fondos», declaró como si el dinero público (o privado, pero con olor a conectores palaciegos) fuera un sobre con un billete de lotería sin premiar. Y lo más gracioso: ni siquiera firmó la adenda de colaboración que le habrían tenido que pasar los de la UCM, como si el acto de financiar una cátedra universitaria fuera un whatsapp sin confirmación de lectura. Torres, dueño de Numintec, Conpymes y la Fundación Pimec —tresentities que, según él, nunca habían tirado la casa por la ventana con otras cátedras—, asegura que su único pecado fue reunirse en cafeterías con Begoña Gómez, su asesora en Moncloa, Cristina Álvarez (sí, la misma que luego justificaría su presencia como «coordinadora de seguridad» frente al acoso de los periodistas, porque claro, nada dice «control de prensa» como un bodyguard en un Starbucks), y la coordinadora de la cátedra, Blanca de Juan.

Imaginen el script: «Oye, Begoña, ¿qué tal si ponemos una cátedra? —Genial. —¿Y el dinero? —Ah, eso lo gestiona Torres. —¿Y Torres? —Pues está tomando un cortado.» El detalle escandaloso: los 6.000 euros de Numintec, supuestamente para becas, desaparecieron en el limbo administrativo donde acaban muchos fondos opacos.

Torres, que no es tonto, intentó lavar su imagen recordando que Gómez asistía a actos de sus empresas «como invitada», como si el networking conyugal fuera un detalle inocuo. Pero aquí viene lo mejor: mientras él alega amnesia financiera, la UCM cobraba su prestigio y Sánchez su imagen de modernidad académica.

Paradoja en tres actos: 1. Un empresario financia una cátedra sin saber para qué. 2. La universidad cobra visibilidad sin rendir cuentas claras. 3. Todos, menos los becarios, salen airosos. Datos duros que saben a poco: - 6.000 euros: lo que costó el misterio de Numintec.

Mientras, un café en la Complutense sale por 2,50. - Tres entidades: Numintec, Conpymes y Fundación Pimec, que según Torres «no solían hacer esto». ¿Ah, no? ¿Y entonces por qué lo hicieron esta vez? - Cafeterías como sala de juntas: el lobby del siglo XXI, donde se deciden cátedras entre sorbos de cortado y miradas cómplices. - Cristina Álvarez: de asesora de seguridad a fantasma en reuniones, porque claro, si no era por ella, ¿quién explicaría por qué la esposa del presidente andaba por ahí firmando cheques sin supervisión? El colmo: Torres justificó la opacidad con un «nadie me informó».

Traducido al lenguaje callejero: «Yo tiré el dinero por la ventana y ahora me hago el sueco». Mientras, en Moncloa, Begoña Gómez sigue sonriendo en fotos institucionales, y la Complutense, como buena institución con memoria selectiva, guarda silencio. El único perjudicado: el contribuyente, que paga becas reales mientras estos se pierden en el off the record de los mecenazgos de pasillo. Moraleja en versión tuit: Si quieres financiar una cátedra, hazlo con un contrato firmado y un follow-up.

Si no, acaban tus 6.000 euros en un black hole administrativo y tu reputación en el trending topic de los escándalos light.

Crítica:

El artículo acierta al desmenuzar la opacidad, pero pecaría de ingenuo si no señalara que nunca se explica por qué la UCM aceptó fondos sin garantías. ¿Dónde está el contrato? ¿Quién auditó los 6.000 euros? La información es valiosa, pero el how y el why siguen en la nube de humo de la cátedra. Y lo más irónico: mientras se investiga, Begoña Gómez sigue cobrando su salario de profesora honorífica —porque claro, la cátedra sí existió, solo que el dinero era un detalle—.

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