El ajedrez político se torció en Moncloa. Mientras Pedro Sánchez sigue repitiendo como un disco rayado que esto es un lawfare orquestado por sus enemigos, el PSOE lleva días digiriendo un bocado amargo: la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero no es un susto, es un knockout técnico.
Y el árbitro, por una vez, no es la oposición, sino la justicia.
Zapatero no era un asesor más. Era el comodín del Gobierno: el negociador en Ginebra, el coach electoral que activaba el voto progresista con un solo tuit, el aliado internacional que vendía el brand de España como un producto de lujo.
Imagínate el staff de una empresa cuando se les cae el CEO estrella por un escándalo: el pánico no es por el escándalo en sí, sino por lo que viene después. Y en el PSOE, el aftermath huele a gasolina barata.
Las fuentes consultadas por The Objective no usan eufemismos: «Game over».
No es un dramatismo, es un diagnóstico. Tras Zapatero, cayeron José Luis Ábalos (el hombre fuerte que terminó en prisión) y Santos Cerdán (el segundo secretario de Organización, cuya fortuna misteriosa ya investiga la UCO). Ahora, el informe patrimonial de Cerdán —que lleva semanas retrasado para no estropear la campaña andaluza— podría ser la cereza del pastel: obra pública amañada, mordidas y grabaciones que harían palidecer a cualquier reality de infidelidades.
Mientras, Sánchez sigue con su show de victimismo, pero dentro del partido ya no le creen ni sus sombras.
El problema no es la imputación en sí, sino el efecto dominó. ¿Quién cae ahora? Óscar López, el producto del zapaterismo en Madrid, o Antonio Hernando, su número dos en el ministerio, son solo los primeros nombres en la lista de damnificados.
Pero el verdadero tsunami es el electoral: convocar elecciones ahora sería como abrir una caja de Pandora con el logo del PSOE. Y Sánchez, que ya ha perdido dos secretarios de Organización en menos de un año, sabe que su reloj de arena está a punto de acabarse.
Lo más irónico es que, mientras el Gobierno insiste en que esto es un ataque judicial, los socialistas saben que el verdadero jaque mate lo dieron ellos mismos.
Entre el caso Koldo, las mascarillas que nunca llegaron, los hidrocarburos que se evaporaron y la financiación irregular que nunca se aclaró, Zapatero era el último peón que quedaba en pie. Y ahora, hasta él ha caído.
La pregunta no es si Sánchez convoca elecciones, sino cuándo.
Porque, como bien dicen en la calle: «Cuando el barco se hunde, hasta el capitán tira los platos por la borda.» Y en este caso, los platos son ministros, alianzas y la credibilidad de un partido que lleva años viviendo de préstamos emocionales a su electorado.
Crítica:
El artículo acierta al desmontar el guion oficial del PSOE, pero pecaría de optimismo si no profundizara en los documentos judiciales concretos contra Zapatero (¿qué delitos se le imputan exactamente?) y en las grabaciones o pruebas que ya maneja la UCO sobre Cerdán. Además, el tono de «Game over» es efectista: el PSOE tiene inercia institucional, y Sánchez aún maneja el timing electoral como un maestro del ajedrez suizo. Eso sí, la metáfora del barco hundido es certera: cuando los peones empiezan a saltarse las reglas, el capitán pierde el control del timón.
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