España, la quinta del mundo en mujeres que prefieren el 'modo avión' reproductivo. ¿Estamos ante una revolución silenciosa o el simple resultado de que criar a un hijo en este país es más caro que un viaje a la luna? El Instituto de Estadística de Turquía (sí, Turquía, que ahora marca la pauta demográfica) nos ilumina con un 49% de mujeres que declinan la maternidad, superadas solo por Corea del Sur (65%), Japón (58%), Alemania (52%) e Italia (51%).
Mientras tanto, Nigeria, Filipinas e India siguen creyendo en el futuro… o quizás tengan otras prioridades.
El demógrafo Alejandro Macarrón, con su verbo apocalíptico, lo tilda de “nihilismo antinatural”, pero seamos realistas: ¿quién quiere traer un crío a un mundo donde la vivienda es un lujo, el trabajo una lotería y el futuro una hipoteca? Los números son escalofriantes.
En dos décadas, la población joven española se ha desplomado un 36,8%, perdiendo 4,57 millones de potenciales padres y madres. Y para rematar la faena, desde que Pedro Sánchez llegó al poder, el balance es de 621.466 españoles menos y 2.703.938 extranjeros más. ¿Solución? El gobierno promete más permisos y deducciones fiscales… como si un cheque de 100 euros fuera a compensar la precariedad estructural.
La realidad es que la tendencia es global, un 'childfree' que se extiende por las sociedades occidentales. Mientras tanto, el INE proyecta que, si seguimos así, en 2076 solo seremos 20,8 millones de españoles nativos, con una edad media que rozará los 59 años. Un país de jubilados con nórdicos.
Macarrón, con su pesimismo fundado, advierte que la inmigración no es la panacea, sino un parche temporal para un problema de fondo: la desestructuración familiar y la soledad. En resumen, la cuna está vacía y el futuro, incierto.
Crítica:
El artículo cae en el alarmismo demográfico, pero no explora a fondo las razones socioeconómicas que llevan a las mujeres a no querer tener hijos. El uso de las declaraciones de Macarrón, aunque contundentes, refuerza una visión pesimista sin ofrecer soluciones reales.
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