La vida aprieta, incluso para los hipopótamos de Pablo Escobar. Colombia se enfrenta a un dilema bestial: controlar una población de estos gigantes que, escapados de la finca “Napoles”, se multiplican como conejos (bueno, como hipopótamos). El plan original, evitar la matanza, ha fracasado estrepitosamente.
La esterilización, ya sea con bisturí o dardos anticonceptivos, resulta una odisea costosa, peligrosa y, sobre todo, ineficaz. Mientras tanto, un magnate indio ofrece rescatarlos, pero trasladar toneladas de músculo y mala leche no es como llevar a la abuela al bingo. La historia, contada con el cinismo necesario, nos recuerda que incluso con buenas intenciones, algunas soluciones son tan complicadas como ordeñar a un hipopótamo (sí, alguien lo intentó).
Y como si fuera poco, la crónica se entremezcla con la expedición fallida de John Steinbeck a las profundidades marinas y la ironía de que el pilates, hoy símbolo de lujo, nació en un campo de prisioneros. Al final, la naturaleza siempre encuentra la manera de recordarnos quién manda, y a veces, la única opción es tomar decisiones difíciles… aunque nadie quiera admitirlo.
Todo esto, mientras el mundo sigue buscando la manera de esterilizar una bestia con el pedigrí más rocambolesco.
Crítica:
El artículo divaga demasiado entre anécdotas curiosas, perdiendo el foco en la problemática principal. La falta de voces locales (veterinarios, biólogos colombianos) empobrece el análisis. El título, aunque llamativo, es excesivamente sensacionalista.
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