La DGT ha montado el tinglado. Un 'súper sábado' en Lleida, con 300 aspirantes a conductor apiñados en un polígono, examinadores voluntarios traídos de fuera y una sensación general de improvisación digna de un mercadillo. ¿La razón? 85.000 almas en Cataluña, 70.000 en Madrid y 60.000 en Andalucía esperando el permiso B.
Y no es que la gente esté precisamente echando las campanas al viento, según Raül Viladrich, de la Federació d’Autoescoles de Catalunya, que lo calificó de “tomadura de pelo”.
La solución, a todas luces, es un parche. Un disparate logístico que intenta tapar un problema de fondo: jubilaciones no cubiertas, examinadores interinos sin futuro laboral estable y una demanda que no deja de crecer.
¿Para qué complicarse con oposiciones y vivienda si puedes ser voluntario un fin de semana? La pregunta es retórica, claro.
En la Comunidad de Madrid, para que te hagas una idea, el tiempo de espera para el examen práctico es casi una gestación humana. Y mientras tanto, la DGT se rasca la cabeza y decide que la solución es montar un 'examen a la carta' en un polígono industrial.
La Confederación Nacional de Autoescuelas (CNAE) pide a gritos que se considere ampliar el plan a motocicletas y camiones, como si el caos actual fuera una buena base para construir algo mejor. 353 examinadores voluntarios, 227 dispuestos a hacer kilómetros… un plan digno de una película de enredo.
Y todo para evitar que 8.000 personas en Navarra sigan esperando a poder aparcar.
Crítica:
La noticia es un síntoma más de la improvisación y la falta de planificación a largo plazo. El enfoque en los 'súper sábados' desvía la atención del problema real: la precariedad laboral de los examinadores y la falta de inversión en infraestructura.
Comentarios