Valladolid, mayo de 2026. Mientras el precio de la gasolina sigue siendo un atraco a mano armada, otra forma de violencia se instala en el centro: machetes, puñales y ajustes de cuentas dignos de una mala película. La Policía Nacional lleva desde 2022 documentando la escalada de dos bandas hispanoamericanas, los Dominican Don’t Play (DDP) y los Trinitarios, que han convertido algunas calles en un escenario de guerra civil a pequeña escala.
Agresiones con armas blancas, reyertas espontáneas… Un panorama que contrasta con las declaraciones del delegado del Gobierno, Nicanor Sen, quien insiste en que “no existen bandas latinas”, solo “individuos imitando” a bandas latinas. ¡Claro, como si un machete te hiciera menos daño porque el que lo empuña está “imitando”!
Desde 2022, 17 jóvenes vinculados a los DDP han sido imputados en Valladolid.
Un joven de 22 años ya cumple 12 años de cárcel por un altercado en febrero de 2024, donde se enfrentaron miembros de los DDP y un grupo de ciudadanos de origen marroquí. Y no es un caso aislado: un joven de 18 años fue apuñalado hasta la muerte por un menor de 13 años en febrero de 2025.
En mayo de este año, una pelea con machetes en Laguna de Duero dejó varios heridos. El sindicato policial Jupol tildó las declaraciones del delegado del Gobierno de “irresponsabilidad política”, señalando el auge de estos grupos juveniles armados con armas blancas de gran tamaño.
La realidad, a juzgar por los partes policiales, es que Valladolid se ha convertido en un polvorín donde la aversión mutua entre estas bandas puede desencadenar una agresión con el simple cruce de miradas. Una ciudad donde la seguridad, al parecer, es solo una promesa electoral más.
Crítica:
La negación del delegado del Gobierno resulta más preocupante que la propia violencia. Evitar reconocer el problema no lo hace desaparecer; solo permite que prospere en la sombra. El artículo, aunque informativo, podría profundizar en las causas socioeconómicas que alimentan estas dinámicas.
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