Un productor de Netflix, Lin Qi, se fue de este mundo en Nochebuena de 2020. ¿La razón? Un abogado, Xu Yao, con aficiones de Walter White y una obsesión por la ‘ingeniería financiera’ más letal. No hablamos de despidos, sino de toxinas compradas en la dark web. Mercurio, tetrodotoxina… un menú digno de un thriller, cortesía de un laboratorio clandestino en las afueras de Shanghái, inspirado, nada más y nada menos, que en 'Breaking Bad'.
Xu, al parecer, no era precisamente un fan de la gestión de Lin Qi en Yoozoo Games.
La disputa, cualquier disputa, se resolvió con un cóctel mortal disfrazado de probióticos. Un detalle macabro: antes de su fatal regalo, Xu probó sus brebajes en otros cuatro ejecutivos, que sobrevivieron para contarlo, probablemente con un trauma de por vida y una desconfianza patológica hacia las vitaminas.
La justicia china no andaba con chiquitas. Xu Yao recibió el ‘ok’ final el pasado jueves. Three Body Universe, la empresa que heredó el legado de Lin Qi, se mostró “agradecida por la justicia”. Agradecimiento que, seamos sinceros, no pagará la factura del psicólogo de esos cuatro colegas.
La ironía es que Lin Qi estaba a punto de ver su obra, la trilogía de ciencia ficción de Liu Cixin, adaptada por Netflix en “3 Body Problem”, estrenada en 2024. Un final irónico para un hombre que, sin saberlo, ya era protagonista de una trama digna de la mejor ciencia ficción, pero terriblemente real.
Xu Yao usó 160 números de teléfono y una empresa en Japón para comprar los venenos. El detalle más escalofriante: experimentó con más de cien toxinas en animales.
Crítica:
La CNN se limita a narrar los hechos, pasando por alto la fascinante (y perturbadora) dimensión de la obsesión y la planificación meticulosa. Falta contexto sobre el clima empresarial en China y la presión a la que estaban sometidos estos ejecutivos.
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