Los libros de texto que enseñan a los niños que Cataluña es un país
El mapa que no cuadra y el catalán que sobra (o falta, según se mire).
Mientras en el cole de tu vecino el profesor explica la tabla de multiplicar, en el de al lado se enseña a los críos que Cataluña es un país de mentira, que el español huele a represión y que Baleares debería incluir en su geografía los Pirineos. No es un chiste. Es el resultado de un estudio que la asociación Hablamos Español ha destripado como si fuera la factura del supermercado: con detalles, cifras y hasta fotos de mapas que parecen sacados de un juego de mesa mal diseñado.
Empecemos por lo concreto. En Baleares, un libro de texto de 4º de la ESO (sí, esos en los que a los 15 años ya te meten cizaña) repite la palabra ‘Catalá’ 38 veces y ‘Cataluña’ 11 veces, como si el alumno fuera a salir del aula sabiendo más de política que de conjugar verbos. Pero lo mejor viene después: en un manual de Bachillerato editado por Vicens Vives, el español no aparece como lengua, sino como sinónimo de dictadura. Mientras, el catalán brilla por su asociación con libertad e identidad cultural. ¿Alguien ha visto a un libro de texto francés enseñando que el español es la lengua del Maquis? No, porque la historia no se reescribe con tinta barata.
Y luego está el mapa de los sueños rotos. En una página de un manual, los estudiantes ven una foto del diario ARA (ese que se lee en Cataluña, Baleares y parte de Valencia, como si fuera un menú de tapas con territorios de más) acompañada de un mapa que incluye zonas que no pertenecen a Baleares. ¿Error tipográfico? No, adoctrinamiento geográfico. Porque si un niño aprende que su isla es más grande de lo que es, luego le creerá que su lengua también lo es. Y si el español solo aparece vinculado a ‘régimen’ y ‘represión’, pues ya tenemos la próxima generación de votantes con el chip puesto de serie.
Pero vayamos a Cataluña, donde el nacionalismo no es solo un tema de conversación en el bar, sino programa de estudios. Autores como Carme Junyent o Manuel de Pedrolo (este último, nada menos que ‘patriota y nacionalista’ según el ex-president Pujol) son presentados como referentes literarios, mientras que la cultura española brilla por su ausencia. Los libros hablan de ‘lengua propia’ y ‘lengua histórica’ como si el español fuera un intruso en su propia casa. Y para rematar, en la Comunidad Valenciana, algunos manuales ya ni se molestan en disimular: defienden el uso de ‘la meua llengua’ en ‘del meu pais’, como si Valencia fuera un feudo lingüístico a medio camino entre la Edad Media y el whatsapp de un independentista.
Doce profesores de toda España han sido los ojos que han detectado estas joyas. Y no es que estén inventando nada: los datos están ahí, fríos como un examen suspendido. Lo grave no es que se enseñe una u otra lengua (eso es democracia), sino que se falsee la historia, se manipule la geografía y se presente una versión edulcorada de la realidad como si fuera la verdad absoluta. Mientras, el dinero público sigue financiando estos manuales, como si el adoctrinamiento fuera un servicio público más, junto a la basura y el agua del grifo.
La pregunta que queda en el aire es: ¿Hasta qué punto es legítimo que el colegio de tu hijo sea una escuela de indoctrinación disfrazada de clase de lengua? Porque si el objetivo es formar ciudadanos críticos, no es enseñándoles que su región es un país inventado ni que medio mundo habla en dictadura. Eso ya lo hacen los memes en Twitter. Pero en el cole, por favor, que al menos sea con datos reales.
Mario Herrera