PSOE extremeño: ‘Cierre Almaraz, pero no me miren’
El PSOE extremeño le suelta un ‘sálvese quien pueda’ a Europa mientras en Madrid le dicen a Almaraz: ‘Apaga y vámonos’.
Imagínate que vas a cerrar el bar de la esquina, el que da empleo a medio pueblo y mantiene encendida la luz cuando se va el viento. Pero en vez de avisar con un cartel, le sueltas a los vecinos: «No os preocupéis, que esto es un debate ideológico» mientras el camarero te mira con cara de «¿En serio, jefe?». Eso es, más o menos, lo que le soltó el PSOE extremeño a una delegación de eurodiputados que, tras visitar Almaraz en febrero, salió con la sensación de que España está jugando al ‘piedra, papel o tijera’ con su sistema eléctrico. Y no es una metáfora: los europeos les preguntaron a bocajarro por qué el Gobierno de Sánchez —del mismo partido— quiere cerrar la central, y la respuesta fue un ‘no sé, no respondo, pregúntenle a Madrid’ con guante blanco.
El teatro de los dos Pesos y una Miseria. Mientras el presidente de la Diputación de Cáceres, Miguel Ángel Morales (PSOE), le explicaba a los eurodiputados que cerrar Almaraz sería «socavar la estabilidad del sistema eléctrico» —palabras textuales, como si fuera un manual de supervivencia—, en Madrid, el mismo partido le estaba diciendo a la ministra de Transición Ecológica, Sara Aagesen, que la prórroga solo llegaría si cumplía tres condiciones: que no cueste un euro a los ciudadanos, que no explote y que no falte la luz. O sea, que sí, que no. Un ‘ni con la navaja’ digno de un mercadillo de segunda mano.
Pero lo mejor llegó cuando el eurodiputado holandés Sebastian Kruis comparó la política energética de Sánchez con el Titanic: «Todo el mundo abandonado a su suerte». Y no le faltaba razón. Los europeos, que no son tontos, les recordaron que el apagón del 28 de abril —ese que dejó a media España en penumbra como si fuera un blackout de los 70— tuvo que ver con la falta de sincronía en el mix energético. Y aquí viene lo gracioso: el informe europeo advierte que cerrar Almaraz aumentaría la dependencia del gas, ese combustible que, por cierto, España importa de Rusia y otros lugares donde la palabra «seguridad» suena a chiste malo.
Extremadura vs. el Gobierno: la guerra de los memes. Los eurodiputados, hartos de que les dijeran «es un debate ideológico» mientras los alcaldes de la zona —desde el PP hasta el PSOE local— les suplicaban que no cerraran la central, les soltaron 14 recomendaciones en plan ‘esto no es negociable’: suspender el cierre, evaluar una prórroga hasta 2040 (sí, como lo oyes), y que no nos vendan humo con «la transición ecológica». Porque, seamos claros: si Almaraz cierra, Extremadura se queda sin su mayor fuente de empleo y el resto de España pagará el pato con facturas que subirán más que el termómetro en agosto.
Y aquí está el guante de seda con puño de hierro: el PSOE extremeño, que lleva años defendiendo a Almaraz como un padre a su hijo único, le dijo a Bruselas que «la prioridad es el empleo y la estabilidad», pero cuando el eurodiputado griego Fredis Beleris les preguntó «¿cómo vas a convencer a tu propio partido de que esto es un error?», el secretario general del PSOE en Extremadura, Álvaro Sánchez Cotrina, se encogió de hombros y murmuró algo de «justicia fiscal y responsabilidad corporativa». Traducción: «No me pregunten, que en Madrid me van a crucificar».
El dato que lo dice todo: Mientras los eurodiputados les pedían «transparencia y pruebas», el Gobierno español les coló a un delegado del Gobierno en vez de a la ministra. Como si fuera un ‘no te metas donde no te llamen’. Pero Europa no es tonta: su informe es un ‘aviso por escrito’ con letras de neón. Y la moraleja, queridos lectores, es simple: cuando un partido gobierna en una región y en el nacional hace la ley de la selva, los pueblos se quedan en medio como peones de ajedrez. Y en este caso, el ajedrez se juega en la central nuclear de Almaraz, con las luces de Extremadura como apuesta.
Bonus track: Los eurodiputados también les recordaron que hay reactores en el mundo que funcionan a los 60 años como si fueran nuevos. Pero claro, en España hasta el ‘no pasa nada’ tiene fecha de caducidad.
Mario Herrera