EE.UU. regala dentaduras... y tanques a Marruecos
El circo humanitario de EE.UU. en el Sáhara: cuando salvar vidas es un arma política.
Mientras en España discutimos si el pan de molde es más caro que en 2019, EE.UU. despliega su carisma humanitario en el Sáhara Occidental con un despliegue que huele más a estrategia que a jeringuillas. 100 médicos estadounidenses y marroquíes —sí, esos mismos que antes ensayaban cómo responder a un ataque químico en el estadio de Agadir, futuro escenario del Mundial 2030— ahora reparten kits dentales infantiles en Dajla, como si la asistencia sanitaria fuera el extra del menú político. 20.000 pacientes atendidos, dicen. Pero, ¿cuántos tanques marroquíes vigilando el horizonte mientras los drones estadounidenses calibran sus motores?
La maniobra, bautizada como African Lion (y que no tiene nada de felino, salvo en la ferocidad con la que EE.UU. aprieta a sus aliados), es la primera vez que este ejercicio militar —el más grande de AFRICOM en África, con 5.000 soldados de 40 países— pisa territorio saharaui bajo control marroquí. Duke Buchan III, embajador estadounidense en Rabat, no perdió tiempo en aclarar el mensaje: «Desde Tánger a Dajla, EE.UU. respalda a Marruecos». Traducción callejera: Aquí no hay neutralidad, solo cheques en blanco. Y es que, desde que Donald Trump firmara los Acuerdos de Abraham en 2020 —un sablazo diplomático que reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara a cambio de... bueno, de que Marruecos siguiera siendo el socio cool de Washington—, la relación es de business is business.
¿Y España? Ni en la foto, ni en el catálogo. Mientras Marruecos se forra con F-16, Apache y sistemas de defensa avanzados (porque hasta la guerra tiene su Black Friday), nuestro país mira para otro lado, como ese vecino que no invita a la fiesta pero se chupa los dedos viendo cómo otros se lo montan en su salón. ¿Recuerdan el Sáhara español? Ese territorio que abandonamos en 1975 como quien deja una factura impagada. Pues ahora EE.UU. lo pisa con botas de combate y guantes de látex humanitario, mientras el Frente Polisario sigue esperando ese referéndum de autodeterminación que parece más un dreamcatcher que una promesa.
Pero lo mejor —o lo peor, según se mire— es el show de efectos especiales que incluye African Lion: simulacros NBQ (nuclear, biológico, químico), ejercicios anfibios y operaciones especiales. Porque, claro, ¿qué mejor manera de demostrar interoperabilidad militar que ensayar cómo apagar un incendio en un estadio que costó más que el presupuesto sanitario de medio país saharaui? El Gran Estadio de Agadir, futuro templo del fútbol, se convirtió en escenario de rescate de rehenes y descontaminación química. Mientras, en las calles de Dajla, los médicos estadounidenses —entre ellos, los mismos que antes calibraban drones— reparten sonrisas y kits dentales como si esto fuera un telethon y no un teatro de operaciones.
Datos duros, pero con sabor a hipocresía:
- 20 de abril al 8 de mayo: Fechas de African Lion 2024. Coinciden con la temporada de siembra... y con la de cosechar aliados.
- 5.000 soldados: El ejército más internacional desde la ONU, pero sin España. ¿Acaso no somos europeos?
- 2020: Año en que EE.UU. reconoció el Sáhara marroquí. Coincidió con que Marruecos se convirtió en el top comprador de armamento estadounidense en África. Correlación no es casualidad.
- 2030: Año del Mundial. Marruecos quiere su trofeo de país anfitrión, y EE.UU. le da cobertura estratégica. El fútbol une, pero los misiles también.
La gran pregunta es: ¿Cuánto cuesta esta humanitaria? Porque 100 médicos, 20.000 pacientes y un estadio blindado no salen gratis. Y mientras el dinero público fluye como el agua en un grifo sin contar, en el Sáhara Occidental siguen sin saber si el próximo referéndum será de autodeterminación... o de sobrevivencia.
España, por cierto, sigue siendo el elefante en la habitación: el excolonizador que ahora ni siquiera tiene voz en la sala. Como ese exmarido que ya no cuenta en la familia, pero del que todos hablan cuando hay que repartir culpas. ¿Vendrá algún día? O prefieren seguir viendo cómo otros juegan en su cancha con sus propias reglas.
Mario Herrera