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Una pediatra explica que limpiar constantemente la boca de un bebé mientras come puede interferir en su proceso de aprendizaje y exploración. Según Fer Carmona, los bebés aprenden a través de los sentidos y ensuciarse es parte esencial de este proceso. Limpiar de forma constante puede generar asociaciones negativas y entorpecer el aprendizaje. Un estudio publicado en la revista Appetite respalda esta idea, mostrando que la exposición temprana a diferentes texturas influye positivamente en la aceptación de alimentos. Aunque no se debe limpiar constantemente, sí es importante limpiar después de comer. Preparar el entorno con ropa adecuada y una trona fácil de limpiar ayuda a manejar el desorden.
Un niño sentado en su trona, concentrado en su plato, y de pronto, tira la comida al suelo a propósito. Esta escena cotidiana puede ser desesperante para los padres. Según la nutrióloga Niria Treviño, este comportamiento es normal, especialmente durante los primeros meses de alimentación complementaria. Los niños tiran comida al suelo como parte de su exploración del mundo que les rodea, probando texturas, sonidos y gravedad. La forma en que los padres responden a este comportamiento puede reforzar o disminuir su frecuencia. En lugar de reaccionar con órdenes o enfado, Treviño sugiere explicar con calma lo que ocurre, estableciendo límites claros y respetuosos. Un estudio publicado en la revista Appetite respalda esta aproximación, mostrando que una intervención basada en 'responsive parenting' reduce las prácticas basadas en la presión o las recompensas y favorece rutinas más previsibles. La clave está en cambiar la forma de responder a los niños durante las comidas, entendiendo que su comportamiento no es desobediencia, sino parte de su desarrollo.
La pediatra Diana Álvarez afirma que prohibir el azúcar a los niños puede tener efectos contrarios a los deseados. La restricción estricta de dulces y chucherías puede hacer que los niños los vean como alimentos deseables, lo que puede llevar a una mala relación con la comida y a problemas de salud a largo plazo. Un estudio publicado en la revista Food Quality and Preference encontró que, aunque los niños cuyos padres imponían más restricciones consumían menos azúcares libres, no había indicios de que este tipo de control redujera de forma significativa la preferencia por los sabores dulces. La pediatra sugiere que, en lugar de prohibir el azúcar, es mejor educar a los niños para establecer hábitos alimenticios saludables, ofreciéndoles una variedad de alimentos frescos y tratando los dulces con normalidad cuando aparecen. Esto puede ayudar a que los niños desarrollen una relación más sana con la comida y eviten problemas de salud asociados con una mala alimentación. La clave es crear un entorno donde predominen frutas, verduras y alimentos frescos, y no etiquetar algunos alimentos como 'buenos' o 'malos'. La propia pediatra lo deja claro: la base debe ser una alimentación saludable y repetida en el tiempo, pero sin prohibiciones estrictas. Un ejemplo de esto es el caso de dos niños, Carla y Mateo, que comen sano en su día a día, pero reaccionan de forma distinta cuando tienen dulces delante. Carla se pasa la fiesta pegada a la mesa de las chuches, comiendo con mucha ansiedad, mientras que Mateo pica un par de ganchitos, se pone a jugar y come un trozo de pastel, pero se deja el resto. La diferencia no está en el azúcar, sino en el mensaje que reciben en casa sobre la comida. Los padres de Carla le insisten en lo malo que es el azúcar para su salud, mientras que los padres de Mateo se encargan de que siempre tenga frutas y verduras a la vista y evitan que tenga dulces a su alcance, pero no hacen comentarios sobre si es bueno o malo cuando los hay. Esto muestra que la forma en que se aborda la alimentación infantil puede tener un impacto significativo en la forma en que los niños relacionan con la comida y en su salud a largo plazo.
La pregunta '¿qué quieres para comer?' puede ser el origen de conflictos en la mesa y favorecer una alimentación restrictiva en los niños. Esto se debe a que les estamos dando una decisión demasiado grande y no acotamos opciones, lo que puede generar frustración y rabietas. En lugar de esto, es mejor ofrecer opciones cerradas y asumibles, como '¿prefieres una manzana o un plátano?', para que el niño sienta que decide, pero el adulto sigue guiando la alimentación familiar. La alimentación responsiva es un enfoque que entiende las comidas como un proceso de interacción continua entre el niño y el adulto, basado en la confianza y la previsibilidad. Según la guía Feeding Guidelines for Infants and Young Toddlers, la alimentación responsiva sigue tres pasos fundamentales: el niño comunica hambre o saciedad, el cuidador responde de manera rápida y emocionalmente respetuosa, y el niño recibe una respuesta predecible y coherente a sus señales. Esto ayuda a desarrollar la autorregulación del apetito y a construir una relación sana y relajada con la comida. La guía insiste en que el adulto debe decidir qué alimentos se ofrecen y cuándo, mientras que el niño decide cuánto comer o incluso si quiere comer. Ofrecer rutina y estructura no es ser rígido, sino tranquilizador, y reduce la incertidumbre, evita luchas de poder y disminuye la aparición de rabietas a la hora de la comida. En resumen, la clave para una alimentación saludable y feliz es encontrar un equilibrio entre la libertad de elección y la guía del adulto, y establecer una rutina y estructura que permita a los niños desarrollar una relación sana con la comida.
En la recta final del embarazo, las mujeres pueden sentir una gran presión y ansiedad debido a las constantes preguntas de familiares y amigos sobre la fecha del parto. Para evitar esta situación, algunas embarazadas han comenzado a contar una pequeña mentira sobre la fecha probable de parto, adelantándola para así tener más tranquilidad y espacio. Esta práctica, aunque puede parecer engañosa, es en realidad una forma de establecer un límite sano y proteger el bienestar emocional de la madre en un momento crucial. La ciencia respalda esta idea, ya que se ha demostrado que la ansiedad y el estrés aumentan en el tercer trimestre del embarazo, especialmente cuando se siente una falta de apoyo social. Un estudio publicado en 2025 encontró que casi la mitad de las mujeres en su último trimestre de embarazo presentaban ansiedad relacionada directamente con el embarazo, y que la percepción de menor apoyo social era uno de los factores más relevantes. En este sentido, reducir estímulos estresantes y cuidar el entorno no es un capricho, sino una forma real de proteger el bienestar de la madre. La recta final del embarazo es un momento de gran sensibilidad emocional, conexión interna y escucha del propio cuerpo, y es fundamental establecer un límite sano para evitar la presión y la ansiedad. En lugar de enfocarse en la fecha del parto, es importante centrarse en la escucha, la espera y el respeto a una misma. La ansiedad y el estrés pueden tener un impacto negativo en la salud de la madre y del bebé, por lo que es fundamental encontrar formas de reducirlos. La mentira sobre la fecha del parto puede parecer una solución simple, pero en realidad es un síntoma de un problema más profundo. Es importante abordar este tema de manera abierta y honesta, y encontrar formas de apoyar a las mujeres en este momento crucial de sus vidas. La sociedad debe entender que la recta final del embarazo no se trata de fechas, sino de escucha, espera y respeto a una misma. Las mujeres deben sentirse libres de establecer límites sanos y de priorizar su bienestar emocional, sin sentirse culpables o avergonzadas. En última instancia, la clave para una experiencia de parto positiva y saludable es encontrar un equilibrio entre la preparación física y la conexión emocional. La sociedad debe apoyar a las mujeres en este proceso, proporcionándoles el espacio y la tranquilidad que necesitan para vivir esta experiencia de manera plena y satisfactoria.
La moda de señalar a padres por usar pantallas con sus hijos ha llegado a un punto en el que la preocupación por la salud infantil se ha convertido en un linchamiento público. El psicólogo Alberto Soler advierte que juzgar a otras familias por recurrir a móviles o tablets es inquietante y que debemos reflexionar sobre nuestras propias acciones. La crianza ya es suficientemente exigente sin la necesidad de añadir juicio social. Soler plantea que las guías sobre uso de pantallas existen, pero las decisiones concretas que toma cada familia responden a una realidad que no vemos. No sabemos si ese niño lleva horas con fiebre y la tablet es la única forma de que pueda terminar la comida fuera de casa. Tampoco sabemos si esa madre está criando sola y necesita diez minutos de respiro o si ese padre acaba de salir de una guardia de noche. La crianza no se puede evaluar en una instantánea, y tal vez el verdadero problema no sean solo las pantallas, sino la facilidad con la que juzgamos. El psicólogo relata un caso en el que un niño utilizaba un comunicador aumentativo con pictogramas, pero desde fuera solo se veía una pantalla. Esto nos hace reflexionar sobre la importancia de no juzgar a otras familias sin conocer su situación. La crianza es complicada, y no necesitamos que las redes sociales amplifiquen nuestra vigilancia constante. En lugar de juzgar, tal vez deberíamos preguntarnos si nos gustaría que hicieran lo mismo con nosotros en uno de nuestros días más difíciles. Con un llamado a la reflexión y a la empatía, Soler nos invita a replantearnos nuestra forma de juzgar a las demás familias. Publicado el 24 de febrero de 2026, este artículo de María Machado nos hace reflexionar sobre la importancia de la empatía y la comprensión en la crianza.
En el corazón de nuestra rutina diaria, escondidos entre los objetos y alimentos más comunes, se encuentran peligros silenciosos que pueden llevar a un atragantamiento. Un rollo de papel higiénico, algo tan simple y omnipresente, puede ser nuestra aliada en la prevención de este susto inesperado. La clave está en su diámetro, similar al de la vía respiratoria infantil, lo que lo convierte en una herramienta visual instantánea para evaluar si un objeto o alimento puede ser un riesgo para nuestros hijos. Si algo puede pasar por el agujero del rollo, también puede quedar atrapado en la garganta de un niño. Esta guía, avalada por profesionales sanitarios, nos recuerda que la supervisión constante es fundamental, pero también nos ofrece una regla práctica para identificar posibles peligros. Alimentos como uvas enteras, frutos secos, salchichas cortadas en rodajas y trozos grandes de manzana o zanahoria cruda pueden ser particularmente peligrosos. El truco del rollo de papel higiénico nos sugiere cortar estos alimentos de manera longitudinal, triturarlos o cocinarlos para reducir su riesgo. Además, objetos cotidianos como piezas de juguetes, monedas, tapones y bolas decorativas pueden ser igual de peligrosos. Un estudio publicado en 2025 en la revista SAGE Open Pediatrics, que analizó casos de aspiración de cuerpos extraños en niños durante cinco años, subraya la importancia del tamaño y la forma de los objetos en la prevención de atragantamientos. La seguridad infantil no se trata de vivir en un estado de miedo constante, sino de ser conscientes de nuestro entorno y tomar medidas preventivas. Revisar nuestra casa, adaptar los alimentos y aplicar trucos simples como el del rollo de papel higiénico pueden ayudarnos a prevenir accidentes innecesarios y asegurar un ambiente más seguro para nuestros hijos.
Cuando un niño insulta, generalmente no se trata de mala educación, sino de una emoción mal expresada. Prohibir los insultos no funciona; en su lugar, es crucial enseñar a los niños a entender y gestionar sus emociones. La educación emocional es clave para ayudarles a reconocer sus sentimientos, comprender el impacto de sus palabras en los demás y expresar sus emociones de manera respetuosa. Estrategias como identificar y hablar de emociones, leer cuentos que abordan temas emocionales, practicar juegos de rol y reforzar positivamente las expresiones respetuosas son herramientas efectivas. Un estudio publicado en 2025 en Child and Adolescent Psychiatry and Mental Health encontró una fuerte asociación entre el lenguaje agresivo en el entorno familiar y comportamientos agresivos en adolescentes, subrayando la importancia de abordar el tema de manera constructiva.
Con la llegada de la adolescencia, muchos padres se preguntan si sus hijos siguen necesitando visitas al pediatra. Expertos como el doctor Francisco Céspedes y el doctor Diego Ladron de Guevara explican que estas visitas son cruciales hasta los 18 años. Durante esta etapa, el pediatra evalúa el crecimiento puberal, la salud emocional y detecta posibles señales de alerta relacionadas con el estrés, la ansiedad o el bullying. Además, se realizan chequeos físicos completos que incluyen revisiones de la vista, la higiene bucal y las vacunas necesarias. Los especialistas recalcan que una consulta anual puede influir significativamente en el bienestar físico y emocional de los adolescentes. A pesar del rechazo inicial por parte de algunos adolescentes, quienes consideran que los pediatras son solo para bebés, los expertos insisten en la importancia de mantener estas visitas para asegurar un desarrollo saludable.
La sopa de fideos con verduras es un clásico de la cocina casera que ha pasado de generación en generación. Es nutritiva, deliciosa y fácil de preparar con ingredientes sencillos y económicos. A los niños les encanta porque es suave y fácil de masticar, y se puede adaptar a sus gustos. La receta básica incluye zanahoria, puerro, cebolla, patata, fideos finos, aceite de oliva y sal. Se cocina pochando las verduras, luego se añaden los fideos y opcionalmente garbanzos cocidos. Es un plato completo que alimenta más de lo que parece y mejora al día siguiente.
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Rocío Delgado