El Gen Egoísta: 50 Años Sin Desinflarse
Cincuenta años después de su publicación, El Gen Egoísta de Richard Dawkins sigue siendo un faro, aunque con algunas luces parpadeantes. Rowan Hooper, en New Scientist, disecciona la obra maestra de 1976, descubriendo que la visión centrada en el gen de la evolución, sorprendentemente, se mantiene firme a pesar de los avances genómicos. En 1976, apenas se conocían genes; hoy, con el auge de la secuenciación del genoma, la pregunta es: ¿sigue siendo útil el concepto del 'gen egoísta'? La respuesta, al parecer, es un rotundo sí. Dawkins argumenta que la selección natural impulsa el aumento de 'replicadores' – en esencia, genes – que construyen 'vehículos' (cuerpos) para su supervivencia. Un mono es solo una máquina para preservar genes en los árboles, un pez, otra en el agua. El truco está en que los genes, potencialmente, viven millones de años, mientras que sus vehículos (nosotros) apenas unas décadas.
El libro, influenciado por William Hamilton y sus ideas sobre la selección de parentesco, explica comportamientos altruistas como estrategias genéticas para asegurar la propagación de copias de sí mismos. El debate, sin embargo, no está exento de controversia. La metáfora del 'gen egoísta', aunque poderosa, ha sido malinterpretada como una justificación del individualismo despiadado, algo que a Dawkins le horroriza. Además, la reciente explosión de la epigenética – las 'notas' que se añaden a los genes y pueden heredarse – y la plasticidad fenotípica (adaptación sin cambio genético) han planteado desafíos a la visión original. La sorpresa, según los expertos, es que la obra sigue siendo relevante a pesar de que el número de genes humanos es mucho menor de lo que se pensaba (unos 20.000 frente a los 100.000 estimados), y que la expresión génica – cómo se activan y desactivan los genes – es más crucial que la simple posesión de ellos. Incluso el propio Dawkins admite que su mayor error fue el concepto del 'meme', la unidad de transmisión cultural, que no se ha sostenido con el tiempo. Al final, El Gen Egoísta no es una descripción literal de la realidad, sino un marco conceptual que ha transformado la biología, forzándonos a ver la vida desde una perspectiva radicalmente nueva, aunque, posiblemente, no completamente completa.
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