Crítica:
Demasiado centrado en la visibilidad geográfica. La falta de contexto sobre la importancia científica de una ocultación estelar lo reduce a una nota de curiosidades. El artículo parece un anuncio encubierto de binoculares.
Demasiado centrado en la visibilidad geográfica. La falta de contexto sobre la importancia científica de una ocultación estelar lo reduce a una nota de curiosidades. El artículo parece un anuncio encubierto de binoculares.
La NASA, esa institución que siempre asociamos con ecuaciones indescifrables y trajes espaciales, ha lanzado una llamada a la creatividad. Sí, a la tuya, a la mía, incluso a la del vecino que solo sabe hacer garabatos en las servilletas. Olvídense de los concursos con premios; aquí la recompensa es... participar. O algo así. En un giro digno de estudio, la agencia espacial quiere inundar Instagram, Threads y Tumblr con arte inspirado en sus misiones, desde la esperada Artemis III en 2027 hasta el ambicioso Space Reactor-1 Freedom to Mars en 2028. ¿El motivo? Parece que los periodistas tradicionales ya no son suficientes para mantener el cotilleo espacial en la agenda. Así que ahora buscan documentar, componer canciones, recitar poemas... ¡incluso decorar lattes! La iniciativa 'Moon Joy June' (Junio de Alegría Lunar) promete ser un caos creativo, donde el único límite es la imaginación (o la falta de ella). La NASA insiste en que no es un concurso, porque, claro, ¿para qué añadir presión a los artistas? Las propuestas formales para proyectos más elaborados se reciben hasta finales de junio. Y si eres de los que necesitan una guía, las indicaciones semanales para 'Moon Joy June' ya están disponibles: lanzamiento, luna, tripulación, Tierra. Pero tranquilos, la NASA les recuerda que no están obligados a seguir las reglas. Porque, al parecer, en el espacio (y en las redes sociales) todo vale. Después de todo, ¿quién necesita un premio cuando tiene la oportunidad de expresar su arte... y quizás, solo quizás, ser retuiteado por un astronauta? La NASA invierte en comunicación y marketing, mientras el contribuyente paga la cuenta. Un agujero negro de recursos... ¿o un brillante plan para mantenernos mirando hacia arriba?
En agosto de 2026, el sol se esconderá a plena vista en España, pero no todas las playas serán testigos privilegiados. Mientras el IBEX 35 se tambalea y la cesta de la compra parece un atraco a mano armada, los expertos en eclipses (sí, existen) se pelean por los mejores rincones para ver cómo la luna le pone la mordaza al sol. Galicia y Cantabria, con sus playas mirando al Atlántico, se llevan la palma. Playa de las Catedrales, esa joya de Ribadeo, podría ser el epicentro… si logras entrar, porque el ayuntamiento la controla más que la DGT en verano. Pero ojo, no basta con estar en la costa. La altura del sol será mínima, rondando los 2.1 grados en Baleares, lo que significa que un hotel de cinco estrellas o una palmera mal colocada pueden arruinarte el espectáculo. Las playas de Menorca, Mallorca y Tarragona, con un 31% de probabilidad de nubes, son apuestas arriesgadas. Playa de Alba e Sabón, en A Coruña, ofrece 1 minuto y 9 segundos de oscuridad, mientras que en Platja de Riumar, en el Delta del Ebro, solo tendrás 1 minuto y 30 segundos… ¡casi un suspiro! La cosa va en serio: hay mapas interactivos de Xavier Jubier, apps como 'Eclipse Horizon Checker' y hasta el Instituto Geográfico Nacional para que no te la cuelen. Porque, al final, la diferencia entre ver el eclipse o quedarte mirando al vacío es tan fina como el margen de beneficio de una eléctrica.
El cuento de hadas de aspirar el CO2 de la atmósfera, esa panacea tecnológica que nos iba a salvar del apocalipsis climático, parece que se desinfla más rápido que un globo en una fiesta infantil. Un informe reciente, con la frialdad de los números, revela que los esfuerzos de 'limpieza' de carbono son un tímido susurro en un huracán de emisiones. Para que la cosa empiece a tener sentido, hace falta escalar la cosa a la velocidad con la que se han multiplicado los paneles solares, y eso, amigos, es decir una barbaridad. Según William Lamb, del Instituto de Investigación sobre el Impacto Climático de Potsdam, los países prometieron aspirar 2.7 mil millones de toneladas de carbono para 2035 y 3.6 mil millones para 2050. ¡Unas cifras dignas de una rifa benéfica en comparación con lo que realmente necesitamos! El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) considera que la eliminación de carbono es ‘ineludible’, porque algunas industrias, como la agricultura, son más complicadas de descarbonizar que explicarle a un político que se equivoque. Pero ojo, que no nos vendan la moto. De las 2.2 mil millones de toneladas de CO2 que 'eliminamos' cada año, la inmensa mayoría se debe a plantar árboles. Las máquinas que aspiran el CO2 directamente del aire, esa tecnología de ciencia ficción, representan la ínfima cifra del 0.1%. Y eso, a pesar de crecer a un ritmo del 40% anual. Microsoft, que era el principal inversor en estos proyectos, ha frenado la compra de créditos de carbono, algo así como cuando tu banco te dice que ya no te conceden el préstamo. La cosa pinta fea. Thomas Gasser, del Instituto Internacional de Sistemas Aplicados, lo resume: reducir emisiones a cero es esencial, pero la eliminación de carbono sigue siendo la única opción a largo plazo.
Mark Thomson, el nuevo director general del CERN, hereda una papeleta rusa: desentrañar los secretos del universo mientras se decide dónde tirar 13.000 millones de libras esterlinas. Más de cuatro décadas después de que un libro sobre el CERN le dejara con más preguntas que respuestas, Thomson se enfrenta ahora al reto de poner al día el Gran Colisionador de Hadrones (LHC) y apostar por la próxima gran infraestructura. Suena a ciencia ficción, ¿verdad? Pues no tanto. Mientras el ciudadano de a pie lucha por pagar la lista de la compra, la física de partículas se plantea si vale la pena invertir el equivalente al PIB de algunos países en buscar lo que no se ve. El 'Modelo Estándar', esa joya de la corona de la física, describe con precisión el universo visible. Pero se queda corto a la hora de explicar la materia oscura (que, según parece, constituye la mayor parte del cosmos) o por qué hay materia en el universo en lugar de nada. En 2012, la detección del bosón de Higgs fue celebrada como el remate a este modelo, pero las incógnitas persisten. Ahora, con el LHC en proceso de modernización, Thomson promete una búsqueda más exhaustiva de fenómenos raros. La pregunta es: ¿será suficiente una inversión de 13.000 millones de libras para desvelar los misterios que han frustrado a los físicos durante décadas? La respuesta, al parecer, podría cambiar nuestra comprensión de la realidad. La realidad, esa que pagamos todos, incluidos los que compramos el pan. Un agujero negro en el presupuesto científico, disfrazado de búsqueda del conocimiento. Mientras tanto, la física cotidiana (gravedad, facturas, atascos) sigue sin explicarse del todo.
La física, esa materia que te hace sentir estúpido solo con pensarla, nos trae una nueva paradoja. Resulta que los fotones, esas partículas de luz que alimentan tu obsesión con el móvil, son aún más rebeldes de lo que creíamos. Intentar 'cortar' uno (como si fuera un salami cuántico) no lo reduce, sino que lo multiplica infinitamente. Sí, has leído bien. Infinitamente. Mientras tú luchas por no superar el límite de datos de tu tarifa, los fotones se reproducen como conejos. El experimento, que suena a trama de ciencia ficción barata, viene a confirmar que los fotones son, efectivamente, partículas elementales, indivisibles. Como una unidad, un ‘todo’ que se niega a ser fragmentado. Esto, según los expertos (que seguramente ya están pensando en cómo monetizarlo), desafía nuestra comprensión del universo. En el mundo real, si le quitas un trozo a una tarta, la tarta es más pequeña. En el mundo cuántico, si le quitas un trozo a un fotón, tienes… más fotones. Es como intentar robarle a un banco y que te den más dinero por la molestia. La investigación, publicada (seguramente en una revista que nadie entiende) por New Scientist el 30 de mayo de 2026, recuerda a la mitología griega: el monstruo Hidra, al que se le cortaba una cabeza para que le crecieran dos más. Solo que aquí el monstruo es la luz, y en lugar de cabezas, son fotones. Y la empresa Facebook/Meta, dueña de todo lo visible, seguramente ya está pensando en cómo aplicar esto a sus algoritmos. ¿Un anuncio que se multiplica infinitamente en tu timeline? Preparaos. Y todo porque un tal Muhammad Fawaid, con una cámara, capturó la esencia de lo incomprensible.
La Vía Láctea, como una casa con cortinas corridas, nos ha estado ocultando un vecindario entero. Durante décadas, los astrónomos sospecharon que algo colosal se escondía tras la densa nube de polvo de nuestra galaxia, esa 'Zona de Evitación' donde los telescopios ópticos ven las hombreras de un fontanero. Ahora, gracias al radiotelescopio MeerKAT en Sudáfrica, el supercúmulo Vela –descubierto tardíamente en 2016– ha salido a la luz. Estamos hablando de una masa de 30 mil billones de veces la del Sol (3 x 10¹⁶), a 800 millones de años luz de distancia y con una extensión de 300 millones de años luz. ¡Casi nada! Renée Kraan-Korteweg, la 'detective' de este caso cósmico, lo describió como un 'fantasma' que solo se podía intuir. Más de 2.000 galaxias previamente invisibles han aparecido en el mapa, revelando dos núcleos densos que se acercan entre sí en una danza gravitatoria a escala inimaginable. MeerKAT, en lugar de buscar luz (que el polvo bloquea), rastrea el hidrógeno neutro, una señal de radio que se cuela entre las sombras. Es como buscar a alguien en la oscuridad con un sonar, no con los ojos. Esta nueva cartografía no solo nos dice dónde están las galaxias, sino también dónde podrían nacer nuevas estrellas, marcando los futuros 'hotspots' de la creación cósmica. El descubrimiento de Vela no es solo un añadido al mapa, es una corrección fundamental. Durante años, la 'Zona de Evitación' se consideró un desierto cósmico, un rincón sin interés. Error. Vela influye en la velocidad a la que se mueve nuestra propia galaxia, la Vía Láctea, a unos 2,2 millones de km/h, resolviendo un viejo misterio sobre las fuerzas gravitatorias que nos empujan. Y si Vela se escondía a plena vista, ¿cuántos otros 'barrios' cósmicos nos faltan por descubrir? El futuro, con el Square Kilometre Array (SKA), promete desvelar el resto.
Mientras algunos intentan cuadrar las cuentas de fin de mes, a 30 millones de años luz de distancia, la galaxia M63, alias 'Girasol', se luce sin preocuparse por el sablazo de la inflación. Esta 'flor' cósmica, visible esta noche, es un espectáculo para telescopios modestos, aunque sus brazos espirales son más esquivos que encontrar un aparcamiento en hora punta. A 5.3 grados al noreste de Cor Caroli, la estrella alfa de Canes Venatici, la M63 se presenta con un núcleo brillante y un halo difuso de unos 3 minutos de arco. Los expertos la clasifican como 'flocculenta', o sea, 'despeinada' para los que no hablan el idioma de los astrofísicos. El amanecer se pospone hasta las 5:32 AM, dándonos unas pocas horas para contemplar este espectáculo antes de que la luz del sol lo eclipse. El sol se despide a las 8:27 PM, dejando paso a una luna menguante gibosa al 53%, que saldrá a las 12:53 AM y se ocultará al mediodía. Datos fríos, lo sé, pero piensen que mientras nosotros nos quejamos de la hora punta, esta galaxia viaja a la velocidad de la luz, con una calma olímpica. Cor Caroli, con su magnitud de 2.9, parece un faro comparado con la M63 (magnitud 8.6), pero ambos comparten el mismo vecindario cósmico, a unos 30 millones de años luz. Un viaje en coche que tardaríamos un poco en hacer, incluso con el combustible a precio de saldo. Y todo esto, desde la comodidad de nuestro hemisferio norte, con coordenadas 40° N 90° W. La astronomía, señoras y señores, es el lujo de contemplar la inmensidad sin tener que pagar impuestos intergalácticos.
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