Crítica:
Demasiado enfocado en listar playas, falta profundidad en el fenómeno astronómico. El título es aceptable, pero podría haber sido más audaz. Parece un listado patrocinado por las oficinas de turismo.
Demasiado enfocado en listar playas, falta profundidad en el fenómeno astronómico. El título es aceptable, pero podría haber sido más audaz. Parece un listado patrocinado por las oficinas de turismo.
La luna, esa hipócrita plateada que nos promete romance y nos da mareas, tiene un doble juego este mayo. No solo es 'Blue Moon' – un nombre poético para la segunda luna llena del mes, un truco del calendario gregoriano que ocurre cada dos años y medio – sino que además decide esconderse detrás de Antares, una estrella roja con ínfulas de supergigante. Mientras tú te preocupas por si te suben el precio del café, en el hemisferio sur se dan el lujo de ver una ocultación estelar, un 'juego al escondite' cósmico que nosotros, los del norte, solo contemplaremos a distancia, con Antares a 'tres dedos' de la luna. Fujinon Techno-Stabi 1640 se frota las manos vendiendo binoculares para no perderse el detalle, porque, claro, si algo no vas a ver con la naked eye, ¿de qué sirve? Australia, Nueva Zelanda, Argentina, Chile… ellos sí que tienen la función. Nosotros, conformándonos con la foto en Instagram y la explicación de In-the-Sky.org. La próxima vez será en 2026, así que si no tienes billete para el sur, toca esperar. La luna, como la política, siempre juega con nuestras expectativas, y a veces, te deja a oscuras.
El cuento de hadas de aspirar el CO2 de la atmósfera, esa panacea tecnológica que nos iba a salvar del apocalipsis climático, parece que se desinfla más rápido que un globo en una fiesta infantil. Un informe reciente, con la frialdad de los números, revela que los esfuerzos de 'limpieza' de carbono son un tímido susurro en un huracán de emisiones. Para que la cosa empiece a tener sentido, hace falta escalar la cosa a la velocidad con la que se han multiplicado los paneles solares, y eso, amigos, es decir una barbaridad. Según William Lamb, del Instituto de Investigación sobre el Impacto Climático de Potsdam, los países prometieron aspirar 2.7 mil millones de toneladas de carbono para 2035 y 3.6 mil millones para 2050. ¡Unas cifras dignas de una rifa benéfica en comparación con lo que realmente necesitamos! El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) considera que la eliminación de carbono es ‘ineludible’, porque algunas industrias, como la agricultura, son más complicadas de descarbonizar que explicarle a un político que se equivoque. Pero ojo, que no nos vendan la moto. De las 2.2 mil millones de toneladas de CO2 que 'eliminamos' cada año, la inmensa mayoría se debe a plantar árboles. Las máquinas que aspiran el CO2 directamente del aire, esa tecnología de ciencia ficción, representan la ínfima cifra del 0.1%. Y eso, a pesar de crecer a un ritmo del 40% anual. Microsoft, que era el principal inversor en estos proyectos, ha frenado la compra de créditos de carbono, algo así como cuando tu banco te dice que ya no te conceden el préstamo. La cosa pinta fea. Thomas Gasser, del Instituto Internacional de Sistemas Aplicados, lo resume: reducir emisiones a cero es esencial, pero la eliminación de carbono sigue siendo la única opción a largo plazo.
Mark Thomson, el nuevo director general del CERN, hereda una papeleta rusa: desentrañar los secretos del universo mientras se decide dónde tirar 13.000 millones de libras esterlinas. Más de cuatro décadas después de que un libro sobre el CERN le dejara con más preguntas que respuestas, Thomson se enfrenta ahora al reto de poner al día el Gran Colisionador de Hadrones (LHC) y apostar por la próxima gran infraestructura. Suena a ciencia ficción, ¿verdad? Pues no tanto. Mientras el ciudadano de a pie lucha por pagar la lista de la compra, la física de partículas se plantea si vale la pena invertir el equivalente al PIB de algunos países en buscar lo que no se ve. El 'Modelo Estándar', esa joya de la corona de la física, describe con precisión el universo visible. Pero se queda corto a la hora de explicar la materia oscura (que, según parece, constituye la mayor parte del cosmos) o por qué hay materia en el universo en lugar de nada. En 2012, la detección del bosón de Higgs fue celebrada como el remate a este modelo, pero las incógnitas persisten. Ahora, con el LHC en proceso de modernización, Thomson promete una búsqueda más exhaustiva de fenómenos raros. La pregunta es: ¿será suficiente una inversión de 13.000 millones de libras para desvelar los misterios que han frustrado a los físicos durante décadas? La respuesta, al parecer, podría cambiar nuestra comprensión de la realidad. La realidad, esa que pagamos todos, incluidos los que compramos el pan. Un agujero negro en el presupuesto científico, disfrazado de búsqueda del conocimiento. Mientras tanto, la física cotidiana (gravedad, facturas, atascos) sigue sin explicarse del todo.
La física, esa materia que te hace sentir estúpido solo con pensarla, nos trae una nueva paradoja. Resulta que los fotones, esas partículas de luz que alimentan tu obsesión con el móvil, son aún más rebeldes de lo que creíamos. Intentar 'cortar' uno (como si fuera un salami cuántico) no lo reduce, sino que lo multiplica infinitamente. Sí, has leído bien. Infinitamente. Mientras tú luchas por no superar el límite de datos de tu tarifa, los fotones se reproducen como conejos. El experimento, que suena a trama de ciencia ficción barata, viene a confirmar que los fotones son, efectivamente, partículas elementales, indivisibles. Como una unidad, un ‘todo’ que se niega a ser fragmentado. Esto, según los expertos (que seguramente ya están pensando en cómo monetizarlo), desafía nuestra comprensión del universo. En el mundo real, si le quitas un trozo a una tarta, la tarta es más pequeña. En el mundo cuántico, si le quitas un trozo a un fotón, tienes… más fotones. Es como intentar robarle a un banco y que te den más dinero por la molestia. La investigación, publicada (seguramente en una revista que nadie entiende) por New Scientist el 30 de mayo de 2026, recuerda a la mitología griega: el monstruo Hidra, al que se le cortaba una cabeza para que le crecieran dos más. Solo que aquí el monstruo es la luz, y en lugar de cabezas, son fotones. Y la empresa Facebook/Meta, dueña de todo lo visible, seguramente ya está pensando en cómo aplicar esto a sus algoritmos. ¿Un anuncio que se multiplica infinitamente en tu timeline? Preparaos. Y todo porque un tal Muhammad Fawaid, con una cámara, capturó la esencia de lo incomprensible.
La Vía Láctea, como una casa con cortinas corridas, nos ha estado ocultando un vecindario entero. Durante décadas, los astrónomos sospecharon que algo colosal se escondía tras la densa nube de polvo de nuestra galaxia, esa 'Zona de Evitación' donde los telescopios ópticos ven las hombreras de un fontanero. Ahora, gracias al radiotelescopio MeerKAT en Sudáfrica, el supercúmulo Vela –descubierto tardíamente en 2016– ha salido a la luz. Estamos hablando de una masa de 30 mil billones de veces la del Sol (3 x 10¹⁶), a 800 millones de años luz de distancia y con una extensión de 300 millones de años luz. ¡Casi nada! Renée Kraan-Korteweg, la 'detective' de este caso cósmico, lo describió como un 'fantasma' que solo se podía intuir. Más de 2.000 galaxias previamente invisibles han aparecido en el mapa, revelando dos núcleos densos que se acercan entre sí en una danza gravitatoria a escala inimaginable. MeerKAT, en lugar de buscar luz (que el polvo bloquea), rastrea el hidrógeno neutro, una señal de radio que se cuela entre las sombras. Es como buscar a alguien en la oscuridad con un sonar, no con los ojos. Esta nueva cartografía no solo nos dice dónde están las galaxias, sino también dónde podrían nacer nuevas estrellas, marcando los futuros 'hotspots' de la creación cósmica. El descubrimiento de Vela no es solo un añadido al mapa, es una corrección fundamental. Durante años, la 'Zona de Evitación' se consideró un desierto cósmico, un rincón sin interés. Error. Vela influye en la velocidad a la que se mueve nuestra propia galaxia, la Vía Láctea, a unos 2,2 millones de km/h, resolviendo un viejo misterio sobre las fuerzas gravitatorias que nos empujan. Y si Vela se escondía a plena vista, ¿cuántos otros 'barrios' cósmicos nos faltan por descubrir? El futuro, con el Square Kilometre Array (SKA), promete desvelar el resto.
Mientras algunos intentan cuadrar las cuentas de fin de mes, a 30 millones de años luz de distancia, la galaxia M63, alias 'Girasol', se luce sin preocuparse por el sablazo de la inflación. Esta 'flor' cósmica, visible esta noche, es un espectáculo para telescopios modestos, aunque sus brazos espirales son más esquivos que encontrar un aparcamiento en hora punta. A 5.3 grados al noreste de Cor Caroli, la estrella alfa de Canes Venatici, la M63 se presenta con un núcleo brillante y un halo difuso de unos 3 minutos de arco. Los expertos la clasifican como 'flocculenta', o sea, 'despeinada' para los que no hablan el idioma de los astrofísicos. El amanecer se pospone hasta las 5:32 AM, dándonos unas pocas horas para contemplar este espectáculo antes de que la luz del sol lo eclipse. El sol se despide a las 8:27 PM, dejando paso a una luna menguante gibosa al 53%, que saldrá a las 12:53 AM y se ocultará al mediodía. Datos fríos, lo sé, pero piensen que mientras nosotros nos quejamos de la hora punta, esta galaxia viaja a la velocidad de la luz, con una calma olímpica. Cor Caroli, con su magnitud de 2.9, parece un faro comparado con la M63 (magnitud 8.6), pero ambos comparten el mismo vecindario cósmico, a unos 30 millones de años luz. Un viaje en coche que tardaríamos un poco en hacer, incluso con el combustible a precio de saldo. Y todo esto, desde la comodidad de nuestro hemisferio norte, con coordenadas 40° N 90° W. La astronomía, señoras y señores, es el lujo de contemplar la inmensidad sin tener que pagar impuestos intergalácticos.
La semana espacial ha comenzado con un batacazo. Un batacazo literal. El cohete New Glenn de Blue Origin, el que debía llevar astronautas americanos de vuelta a la Luna en 2028, ha explotado durante una prueba. Un “boom” que ha puesto en jaque el plan de la NASA y ha reabierto la carrera espacial con China. Y mientras tanto, los unos siguen probando cohetes (Starship V3, con la FAA echándole un ojo), y los otros venden maquetas del Falcon 9 por 150 dólares. ¡El capitalismo espacial, señores! La explosión, que afortunadamente no causó víctimas, ha dejado la base de lanzamiento LC36 hecha trizas. El plan original era que Blue Origin, con su módulo lunar Blue Moon, fuera el encargado de depositar a los astronautas en la superficie lunar para Artemis 4. Ahora, la cosa se complica. La NASA se enfrenta a un dilema: confiar en una empresa con un historial reciente de explosiones o ver cómo China se adelanta en la conquista lunar, con planes ambiciosos para 2030 y una determinación de hierro. Mientras, SpaceX sigue testando su Starship, aunque la FAA le ha puesto freno tras el último vuelo. Un pequeño contratiempo, sin duda. Rod Pyle y Tariq Malik, los presentadores del podcast “This Week In Space”, se han dedicado a diseccionar el desastre y analizar las implicaciones. Un podcast que, por cierto, lleva informando sobre la nueva era espacial desde 1999, con un equipo de periodistas apasionados. Y mientras la NASA se rasca la cabeza, los aficionados al espacio pueden comprarse una réplica del Falcon 9 para sentirse un poco más cerca de las estrellas. ¿Ironía o realidad? En el espacio, como en la vida, siempre hay un plan B (y una maqueta a escala).
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