'Dark Matter's' Joel Edgerton and Jennifer Connelly talk S2's marital disintegration and the humility of hanging on wires (interview)

Dark Matter: Estrellas, cables y dramas cuánticos

cine Una ilustración surrealista y cínica que muestre a dos actores elegantes vestidos con ropa moderna, suspendidos por cables metálicos invisibles en un vacío oscuro lleno de espejos rotos que reflejan diferentes versiones de ellos mismos. Estilo cinematográfico, iluminación fría de neón, atmósfera de ciencia ficción melancólica.

Hay algo profundamente democrático en ver a estrellas de Hollywood colgados de cables, balanceándose como bolsitas de té humanas mientras intentan salvar un matrimonio ficticio. Joel Edgerton y Jennifer Connelly, los rostros de 'Dark Matter' en Apple TV, nos venden la agonía del arte, pero traducido al lenguaje de la calle, es básicamente el estrés de un lunes por la mañana multiplicado por el presupuesto de una multinacional tecnológica.

Edgerton, que carga con la serie al hombro (y en cables), confiesa que el rodaje es un ejercicio de humillación física y agotamiento mental. Mientras nosotros peleamos con el cajero automático o el precio del aceite, él se desvive en 'The Box', una secuencia de gravedad que lo deja más vacío que una cuenta bancaria el día 20.

Lo más irónico es su recordatorio de que ser actor no es 'cavar zanjas', aunque el hombre admite que, en algún momento de su carrera, terminó haciendo precisamente eso. Un giro poético: del lujo de los sets a la pala en el barro. La trama, basada en la novela de 2016 de Blake Crouch, ha decidido mandar el libro a paseo en esta segunda temporada, dejando a los fans y a los propios actores en un limbo cuántico.

Mientras Jason y Daniela Dessen se desintegran emocionalmente a través de universos paralelos, Connelly reflexiona sobre la responsabilidad afectiva y los sesgos personales. Es el típico análisis psicológico que suena muy bien en una entrevista, pero que en la vida real se traduce en: 'estamos peleando porque no sabemos quién es quién'.

Con el final programado para el 30 de octubre de 2026, la serie nos deja una lección clara: no importa en qué universo vivas, el drama matrimonial y el cansancio crónico son las únicas constantes universales.

Crítica:

Es una pieza de relaciones públicas disfrazada de entrevista, donde el 'sufrimiento' de colgarse de un cable se vende como sacrificio heroico. Demasiado enfoque en la introspección actoral y poca sustancia sobre la trama real.

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