La inflación, ese fantasma que acecha en cada esquina, se ha convertido en el mejor aliado del Gobierno para cuadrar el déficit. Mientras los precios suben como la espuma, los ingresos del Estado por impuestos también van en aumento, permitiendo al ejecutivo cumplir con los compromisos adquiridos con Bruselas sin necesidad de adoptar medidas adicionales.
Los últimos datos de la Contabilidad Nacional revelan que los recursos no financieros del Estado se situaron en 72.157 millones, un crecimiento del 4,4% respecto a finales de marzo de 2025, y un nuevo récord histórico tras el estallido del conflicto en Irán. De este importe, los ingresos del Estado por impuestos alcanzaron los 62.474 millones, el 86,6% del total de los recursos, tras crecer un 5,4%, es decir, 3.216 millones más que en el mismo período del año anterior.
Esto es como si, en lugar de ahorrar para la crisis, decidieras tirar de tarjeta y dejar que la inflación se coma tus ahorros. La factura es salada: 2.294 millones de euros en 2025, solo por no deflactar la tarifa del IRPF. Ese dinero es como el sablazo en la factura de la luz, pero en lugar de ser una sorpresa desagradable, es un ingreso adicional para el Estado.
Los ingresos por IVA también han aumentado un 4,9%, hasta los 31.855 millones, y los ingresos por IRPF han subido un 4,3%, hasta los 19.443 millones. Todo esto mientras el déficit del Estado cierra el primer trimestre de 2026 con 3.944 millones, un 32,1% más respecto al mismo período de 2025.
Es como si el Gobierno hubiera encontrado la fórmula para hacer que la inflación sea su mejor amiga, pero a costa de nuestros bolsillos. La pregunta es, ¿quién paga la cuenta? La respuesta es simple: todos nosotros, con cada compra, con cada factura, con cada impuesto. La inflación es como un juego de suma cero, donde el Estado gana y nosotros perdemos.
Pero, al menos, el Gobierno puede decir que ha cumplido con sus compromisos, aunque sea a costa de nuestra economía. El informe presentado a Bruselas detalla el plan fiscal estructural 2025-2028 y cuenta ya en sus previsiones con incrementar la recaudación de forma permanente en un 0,3% del PIB, al que espera sumar un 0,1% del PIB adicional.
Esa décima extra se lograría «a través de la no deflactación de las bases tributarias» del IRPF, que reportó los citados 2.294 millones (0,14% del PIB). El Gobierno se comprometió a mantener ese incremento adicional de recaudación hasta el cuarto trimestre de 2028, pero no detalla cuántos ingresos reportará la no deflactación de la tarifa hasta entonces.
Es como si el Gobierno estuviera jugando con fuego, utilizando la inflación como un arma para cumplir con sus objetivos, pero sin pensar en las consecuencias a largo plazo. La pregunta es, ¿qué pasará cuando la inflación se descontrole? ¿Quién pagará la cuenta entonces? Solo el tiempo lo dirá, pero una cosa es segura: la inflación es un juego peligroso, y el Gobierno está jugando con fuego.
Crítica:
El artículo es tendencioso y no proporciona una visión equilibrada de la situación, se centra demasiado en la inflación como solución para el déficit. Falta información sobre las consecuencias a largo plazo de la no deflactación de la tarifa del IRPF.
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