Goleada de Meloni con los fondos europeos: Italia ha ejecutado ya más del doble que España

España pierde 64.000M: Meloni le roba el pastel europeo

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  Una mesa de negociación en Bruselas con dos bandejas de dinero: una llena hasta el borde (Italia, con billetes y monedas esparcidas como confeti) y otra casi vacía (España, con papeles amontonados y un sello de 'ATASCO BURECRÁTICO'). Al fondo, una pantalla gigante muestra gráficos en rojo y verde: Italia en verde con flechas hacia arriba, España en rojo con un 'ERROR 404: FONDOS NO ENCONTRADOS'. Un reloj cuenta atrás hacia agosto 2026. Estilo fotografía documental con toque surrealista, colores fríos para España y cálidos para Italia, sin rostros reconocibles.

Italia se embolsa el pastel europeo mientras España se ahoga en su propia burocracia. No es una metáfora de un partido de fútbol, es la cruda realidad de los fondos Next Generation. Desde que Georgia Meloni tomó las riendas en Roma, Italia ha convertido la ejecución de ayudas comunitarias en un sprint, dejando a España —que tanto presumió de ser el líder— en la cuneta con un atasco digno de una autopista en hora punta.

Los números no mienten: 109.000 millones inyectados en la economía italiana (2021-2025) frente a los 45.000 millones que España ha logrado sacar del cajón después de años de promesas y papeles firmados. El doble. Como si Meloni hubiera encontrado el atajo de la abuela para esquivar la montaña de trámites que ahoga a las empresas españolas. Pero hay más.

Mientras el Gobierno de Pedro Sánchez se enredaba en guerras internas y retrasos burocráticos que harían llorar a un notario, Italia no solo cobraba, sino que pedía prestado. Bruselas ofrecía 83.000 millones en créditos a España, pero el Ejecutivo los rechazó con un ‘no, gracias’ digno de un influencer que prefiere el fast fashion antes que invertir en calidad.

¿La excusa? ‘Es que podemos pedir dinero en los mercados’ —como si el Tesoro español fuera un préstamo entre amigos y no un juego de tres al cuarto con los tipos de interés. Portugal y Grecia, por cierto, no se quedaron con los brazos cruzados: mientras España se quejaba, los lusos se embolsaron 3.400 millones y los griegos 11.400 en préstamos.

Italia, claro, se llevó la medalla de oro: 89.000 millones. Como en los Juegos Olímpicos, pero con menos fair play. Y aquí viene lo gordo: España está usando los fondos europeos para tapar agujeros, no para modernizar el país. El Tribunal de Cuentas ya lo ha destapado, y el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, se ha visto obligado a salir a apagar fuegos en el Senado.

El PP no perdona: ‘¿Para qué sirven estos fondos si acaban pagando sueldos y facturas?’, espetó Gerardo Camps, como si fuera el comerciante del barrio que descubre que le han colado un chollazo que en realidad es un timo. Cuerpo, en su defensa, sacó los números: 75.000 millones en proyectos adjudicados, pero 67.000 millones aún en el aire, como un pedido de Amazon que nunca llega.

Mientras, Italia sigue a su ritmo, sin excusas y con los bolsillos llenos. Lo peor es que la Comisión Europea está evaluando un nuevo desembolso de 6.000 millones (el sexto paquete), y España juega a la ruleta rusa con la séptima entrega, que podría cerrarse en agosto. ¿El problema? Que si no aceleran, el dinero se lo quedará quien sepa moverse: Italia, Portugal, Grecia… España, en cambio, sigue en modo ‘esto ya se hará’, como cuando dejas la compra para el último momento y te encuentras con que el supermercado ha cerrado.

Los fondos europeos no son un ‘ahí lo dejo’: son 190.000 millones (sí, con b) que podrían haber transformado este país… si alguien se hubiera molestado en desenredar la madeja antes de que se acabara el plazo. La ironía del siglo: Italia, con su ‘hazlo ya’ y su ‘sin excusas’, se ha comido el pastel europeo mientras España sigue discutiendo si el postre es flan o natillas.

Meloni no es una superhéroe de la economía, pero sí ha demostrado algo que el Gobierno español parece haber olvidado: cuando hay dinero en la mesa, hay que mover el culo. Y el de España sigue pegado al sillón, esperando a que alguien más haga el trabajo sucio. El resultado es una goleada en toda regla.

Crítica:

El artículo acierta al desmenuzar los datos con precisión quirúrgica, pero pecaría de optimista si no mencionara que el PP también tiene parte de responsabilidad en este desastre: sus recortes a la administración autonómica y local dejaron a las comunidades sin munición para ejecutar proyectos. Eso sí, Bruselas debería haber sido más contundente con España: multar con dinero, no con sermones.

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