AfD utiliza el 'pufo' de Sánchez para exigir que Alemania reduzca "drásticamente" su aportación a la UE

UE: España se coló 2.400M en pensiones con dinero alemán

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  Una mesa de bar en Bruselas con un vaso de cerveza derramado (símbolo del gasto descontrolado), un fajo de billetes de euros con caras borrosas de políticos europeos, y al fondo un cartel de 'Cerrado por mantenimiento' en un edificio de la UE. La luz es tenue, con tonos azules y rojos que simulan alarmas financieras. Un reloj de arena gigante se derrama entre los billetes, mientras en la sombra se ven manos anónimas escondiendo dinero en un cajón. Estilo noir político, con sombras alargadas y un ambiente de trampa financiera.

El 'pufo' que hizo reír a Europa (y llorar a los contribuyentes alemanes). Mientras en España se celebraba el reventón de la fiesta del NextGenerationEU —con 2.389,4 millones de euros de fondos europeos desapareciendo en el hueco negro de las pensiones de clases pasivas—, Alemania miraba el espectáculo con cara de pago pendiente en el bar.

No es que el dinero se esfumara como por arte de magia: el Gobierno de Pedro Sánchez, en su maestría para equilibrar presupuestos sin presentar cuentas (sí, como ese vecino que siempre paga el café de todos pero nunca da explicaciones), decidió que esos créditos sobrantes del Mecanismo de Recuperación eran el colchón perfecto para tapar el agujero de la Seguridad Social.

Sin aviso, sin debate, sin que el Tribunal de Cuentas español —que parece más perro del hortelano que guardian de la hucha— pusiera el grito en el cielo hasta que el europeo lo hizo por ellos. La UE, ese supermercado sin cajera. La Comisión Europea, mientras tanto, sigue sin saber muy bien dónde se gastan sus 577.000 millones de NextGenerationEU (sí, como si en tu casa desaparecieran 600.000 euros y solo encontraras el ticket de la compra del Mercadona).

El Tribunal de Cuentas Europeo ya le había llamado la atención por esto, pero claro, cuando el dinero es de todos y nadie revisa la factura, hasta el desvío más descarado parece un error de contabilidad. Peter Boehringer, diputado de Alternativa para Alemania (AfD), lo resumió con la elegancia de un camionero en huelga: «Es la punta del iceberg».

Y tiene razón: si en España se usa el fondo de emergencia para pagar pensiones —eso que en casa llamamos echar mano de la tarjeta de crédito para el alquiler— ¿qué no se hará con el resto? Alemania, el padre que paga la fiesta ajena. Mientras los políticos españoles jugaban al póker presupuestario con dinero europeo, los contribuyentes alemanes —que ya están hasta el gorro de pagar impuestos— se han visto reflejados en el espejo de la hipocresía.

Michael Espendiller, portavoz de AfD en el Bundestag, no perdonó el sablazo: «Nuestro dinero, ganado con esfuerzo, se desvanece en presupuestos ajenos». Y es que, cuando tu vecino se gasta tu pago del agua en cervezas y luego te pide prestado para el impuesto del coche, hasta el más tranquilo pierde la paciencia.

La UE, ese organismo sin dueño, se ha convertido en la tienda de autoservicio donde cada país se sirve a su antojo: infraestructuras en Polonia, subvenciones en Italia, y en España… pensiones. Como ese amigo que siempre te pide dinero pero nunca invita a cenar. El escándalo que nadie quiere tapar (porque a todos les conviene).

La Federación Europea de Contribuyentes, presidida por un alemán —sí, el eterno chivo expiatorio de Bruselas—, ya ha anunciado que pedirá la devolución de fondos. Pero ¿devolverlos? ¿A quién? ¿Al sistema que premia la opacidad? Mientras, la Comisión Europea sigue sin dar detalles, como ese jefe de oficina que pierde el informe pero culpa al ordenador.

Lo peor es que este pufo no es un error puntual: empezó con la pandemia, cuando los Estados miembros se lanzaron a tirar de la tarjeta black de los fondos europeos como si fueran dinero de Monopoly. Y ahora, con la inflación mordiendo a las pymes alemanas y las infraestructuras en ruinas, los alemanes tienen un argumento de peso para exigir menos aportaciones: «Si España gasta nuestro dinero en pensiones, ¿por qué vamos a financiar sus autopistas?». La moraleja en el bar de la esquina.

Mientras los políticos europeos siguen jugando al póker con dinero ajeno, los ciudadanos —especialmente los alemanes— pagan el patito feo de un sistema que premia la improvisación y castiga la responsabilidad. El NextGenerationEU se ha convertido en el cajero automático sin límite de la UE: sacas dinero cuando lo necesitas, pero cuando toca devolverlo… siempre hay una excusa.

Y lo peor es que, como en toda fiesta ajena, al final pagan los invitados de última hora.

Crítica:

El artículo evita profundizar en por qué el Tribunal de Cuentas español no detectó este desvío a tiempo (¿falta de recursos? ¿complicidad?), y el tono de AfD parece más interés electoral que análisis riguroso. Eso sí, acierta al exponer la hipocresía: si la UE critica el uso de fondos, ¿por qué no audita con dientes?

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