El champán corría a raudales, las ostras se deslizaban por la garganta y la SEPI, la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales, parecía un mero trámite burocrático. Mientras tú y yo apretabamos el cinturón con la excusa de una pandemia que nos dejaba sin abrazos ni restaurantes, Julio Martínez Sola, presidente de Plus Ultra, y Roberto Roselli, su consejero delegado, brindaban por un rescate que ya olía a chamusquina.
La foto, compartida en un chat de WhatsApp, es una estampa digna de enmarcar: el 2 de marzo de 2021, siete días antes de que el Consejo de Ministros aprobara la inyección de 53 millones de euros, celebramos la futura alegría ajena.
Pero la guinda del pastel la pone “Julito” Martínez Martínez, amigo íntimo de Zapatero y dueño de Análisis Relevante, quien, al ver la foto en el chat, soltó un lacónico “Aviso para navegantes: la SEPI no aprueba esos gastos”.
La respuesta de Roselli fue aún más reveladora: “Tranquilo, eso sale del 1 %”, en referencia al jugoso porcentaje que Idella Consulenza Stratégica, la sociedad de Martínez Martínez, se llevaría si el rescate prosperaba. Y prosperó. El 9 de marzo, 53 millones de euros salieron de nuestros bolsillos para engordar las cuentas de unos cuantos.
Pero la cosa no acaba ahí. En octubre de 2020, en plena restricción, otra comida. Esta vez, la factura corrió a cargo de Martínez Martínez, quien reclamó el pago a Roselli. La conversación con Rodolfo Reyes, propietario de Plus Ultra, revela los nervios por conseguir los permisos de Aviación Civil china.
Un baile de intereses, favores y, sospechamos, comisiones, mientras la aerolínea se hundía en deudas y nosotros pagábamos la fiesta. Un rescate a la carta, con champán francés y sabor a impunidad.
Crítica:
La noticia se centra demasiado en la anécdota del champán y las ostras, desviando la atención de la verdadera magnitud de la operación. Falta profundizar en el papel de Zapatero y en los mecanismos exactos de la ingeniería financiera utilizada.
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