Elon Musk, el mesiánico de las redes, ahora se enfada. ¿El motivo? Que su Starlink, la constelación de satélites que prometía internet para todos, terminó sirviendo de autopista para drones kamikaze estadounidenses. Sí, esos que explotan al impactar. La ironía, amigos, es tan densa que casi se puede cortar con un cuchillo.
La historia, sacada a la luz por Reuters, revela una subida de precio de vértigo: de $5,000 a $25,000 por conexión para los drones LUCAS (Low-cost Uncrewed Combat Attack System). ¡Un sablazo de $20,000! Musk, en un ejercicio de contorsionismo digno de circo, niega la información y la confirma a la vez en Twitter, alegando que los drones usaron el sistema civil Starlink en lugar de Starshield, la rama militar de SpaceX.
El Pentágono, por su parte, intenta apagar el fuego con tuits que huelen a propaganda (“SpaceX sigue siendo un socio valioso”). Sean Parnell, su portavoz, asegura que todo es “noticia falsa”. Pero la realidad es tozuda: SpaceX, con su monopolio de facto en el espacio, ha demostrado que puede poner condiciones al ejército más poderoso del mundo.
Esta bronca llega en el peor momento para SpaceX, que se prepara para una salida a bolsa con una valoración astronómica de $2 billones. ¿Cómo convencer a los inversores de que una empresa que extorsiona al Pentágono es una apuesta segura? La pregunta está en el aire. Y, por cierto, esos drones “indispensables” ya se usaron en el “intento” de secuestro de Nicolás Maduro y en la guerra contra Irán, según fuentes militares.
Un pequeño detalle. Todo esto mientras Musk se queja de que le están usando su sistema para fines no autorizados. La hipocresía, señores, a veces viene en órbita.
Crítica:
El artículo se centra demasiado en la reacción de Musk, dejando de lado el verdadero quid de la cuestión: la dependencia militar de una empresa privada con un control casi total sobre una infraestructura crítica. La valoración de SpaceX no se cuestiona lo suficiente.
Comentarios