La economía española se pavonea con cifras dignas de un informe del Banco Central Europeo, pero la calle cuenta otra historia. Una historia de cinturones apretados, carritos de la compra a medio llenar y un 98% de familias que ven cómo su sueldo se evapora más rápido que un caramelo en verano.
Funcas, con su encuesta, no hace más que poner números a la pesadilla: la mitad de los hogares no alcanza a cubrir gastos básicos, un dato que te deja más frío que un billete de cinco euros.
María Miyar, de Funcas y la UNED, nos explica con lenguaje de laboratorio lo que todos ya sabíamos: las cifras macroeconómicas no se comen los niños ni pagan la hipoteca.
Las familias con hijos son las más afectadas, con un pesimismo que supera la media. Un pesimismo lógico, porque mientras algunos economistas celebran un crecimiento del PIB, ellos están intentando cuadrar las cuentas para que el pequeño Pablo tenga unas zapatillas decentes. La cosa está tan mal que, aunque ya han tenido los hijos que tenían planeados, muchos confiesan que quisieran tener más… si la economía no fuera un agujero negro.
Pero la cosa no acaba ahí. La encuesta también revela desigualdades: los hijos de los ricos van a clases de inglés y pintura para ser “el próximo Einstein”, mientras que los demás se conforman con el fútbol. El cuidado de los niños, según los encuestados, recae principalmente en las madres, porque, claro, en el siglo XXI aún hay roles marcados con fuego.
En resumen, un panorama desolador que demuestra que, mientras la economía 'crece', la vida de las familias se hace cada vez más difícil. La prosperidad, al parecer, tiene un precio… y lo pagan los de siempre.
Crítica:
La encuesta de Funcas es un espejo que refleja una realidad incómoda, pero el artículo cae en la trampa de presentarla como una sorpresa. Se asume que la gente no sabe que su poder adquisitivo se ha ido al garete. ¿Para qué sirve decirnos lo obvio con gráficos?
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