Jet Set Verde: La Hipocresía Vuela Alto
La paradoja es deliciosa: los que más predican el ecologismo, con su nómina y su educación, son los que más dejan una huella de carbono que da miedo. No es que sean malos tipos, según la Universidad de Cambridge, es que el sistema está amañado. BP, sí, la petrolera, nos vendió la idea del 'carbon footprint' para que nos sintiéramos culpables por tirar el vaso de plástico y desviar la atención de sus refinerías. Un agujero contable ambiental, vaya. La investigación, con 5000 participantes de Canadá, Francia, Alemania, Italia, Reino Unido y Estados Unidos, revela que cuanto más alto es el estatus socioeconómico, más se dispara el vuelo… y la contaminación. Los que se preocupan por la naturaleza, paradójicamente, tienen una 'ecological footprint' aún mayor que sus colegas menos concienciados. ¿La razón? Justifican sus escapadas en jet privado con gestos simbólicos como reciclar, que apenas arañan la superficie del problema. El profesor Felix Creutzig de la Universidad de Sussex lo explica: los ecologistas con dinero son cosmopolitas, tienen amigos en todas partes y, claro, necesitan un avión para visitarlos. Subir los impuestos a la aviación, como han hecho el Reino Unido y Alemania (un 24% tras la crisis energética provocada por la guerra de Irán), es como ponerle un parche a un barco que se hunde. Francia intentó prohibir los vuelos de corta distancia en 2023, pero las trampas legales lo convirtieron en un brindis al sol. Carlo Aall aboga por la 'degrowth', es decir, reducir el consumo aunque implique recesión económica. Incluso los ecologistas más fervientes, al parecer, están atrapados en la rueda del consumismo. Y ojo, que esta investigación no es un permiso para crucificar a los ecologistas hipócritas, sino una llamada a la acción política más allá de los discursos verdes.
Alberto Martínez