Crítica:
La noticia es explosiva, pero carece de contexto y profundidad. La relación entre Tejedor y Samper es solo la punta del iceberg.
La noticia es explosiva, pero carece de contexto y profundidad. La relación entre Tejedor y Samper es solo la punta del iceberg.
La empresa pública Tragsatec se encuentra en el centro de una polémica por su presunta implicación en un caso de corrupción relacionado con la tramitación de autorizaciones ambientales para la empresa Forestalia. Según informes de la Guardia Civil, Eugenio Domínguez, exsubdirector de Calidad y Evaluación Ambiental, creó un sistema de tramitación paralelo para favorecer a Forestalia, utilizando a Tragsatec como herramienta central para tramitar los proyectos de la empresa. Los investigadores señalan que Domínguez ejercía un control completo sobre la tramitación de los proyectos, recibiendo la documentación y asignándola a Tragsatec sin pasar por el registro oficial. Los empleados de la empresa pública emitían informes bajo las directrices de Domínguez, quien solo tenía que firmarlos. La Ucoma destaca que tres funcionarios describieron la vía de tramitación paralela en términos casi idénticos, lo que sugiere un modus operandi consolidado y notorio. Además, se revela que Tragsatec contrató a Jésica Rodríguez, expareja del exministro José Luis Ábalos, quien cobró al menos 9.500 euros sin ir a trabajar. La empresa pública cuenta con 14.500 empleados y depende del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, aunque está adscrita a la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI). La investigación destaca la existencia de un circuito de trabajo cerrado y ajeno a los controles internos, lo que determinó el resultado final de los proyectos. En un caso concreto, el proyecto de Green Capital fue evaluado por técnicos de Transición Ecológica y resuelto de forma desfavorable, mientras que el proyecto de Forestalia fue estudiado por miembros de Tragsatec y resuelto a favor de la empresa. La posición de los aerogeneradores era prácticamente idéntica en ambos proyectos, lo que plantea dudas sobre la impartialidad de la tramitación. La investigación sigue en marcha, y se espera que se esclarezcan los hechos y se tomen las medidas necesarias para evitar la corrupción en el futuro.
En un giro inesperado, un socialista cercano a Santos Cerdán, ex secretario de Organización del PSOE, ha traspasado dos sociedades inmobiliarias a Forestalia, una empresa energética aragonesa bajo investigación en el caso SEPI y por presuntos amaños en Aragón. El traspaso, registrado el 18 de diciembre de 2025, ha levantado sospechas sobre las relaciones entre el partido y la empresa, especialmente considerando que Forestalia ha sido objeto de registros por parte de la UCO en el marco de las investigaciones en curso. Iosu Belio Añón, el político navarro que efectuó el traspaso, tiene una carrera ligada al mundo inmobiliario y ha estado vinculado al PSOE, formando parte de su ejecutiva en Navarra entre 2015 y 2021. La cesión de las sociedades, Terrenos San Mateo y Vivienda Asequible Norte 11, a Energía Inagotable Brenda, filial de Forestalia, ha generado más preguntas sobre la transparencia de las operaciones y la posible influencia política en el sector energético. Mientras tanto, Forestalia se encuentra en el centro de otra investigación por presuntos amaños con un ex alto cargo del Ministerio de Transición Ecológica, con el fin de obtener licencias para parques de renovables, lo que ha llevado a pagos significativos, incluyendo 200.000 euros entre 2021 y 2023. El caso sigue sumando capas de complejidad, destacando la necesidad de una mayor claridad en las relaciones entre el mundo político y empresarial en España.
En un giro inesperado, la vicepresidenta de Transición Ecológica, Teresa Ribera, se ausentó del Pleno europeo sobre energía celebrado en Estrasburgo, dejando a la Comisión Europea con un sabor agridulce. Mientras el comisario danés de Energía, Dan Jørgensen, tomó el micrófono en su lugar, Ribera ofrecía una rueda de prensa en la misma ciudad, lo que desató especulaciones sobre su ausencia. La eurodiputada del PP, Dolors Montserrat, no dudó en criticar duramente su decisión, acusándola de esconderse por cobardía y de ser incapaz de explicar la compra de energía nuclear a Francia mientras se cerraban centrales como la de Almaraz. La ausencia de Ribera se produce en un momento crucial para España en Europa, con el país excluido de una minicumbre para hablar de economía y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, admitiendo el problema que empieza a ser el Gobierno de Pedro Sánchez. El plan energético presentado cambia el criterio de la Comisión al avalar la energía nuclear, lo que va en contra de la postura del Ejecutivo español. Además, Ribera se ha visto envuelta en la trama de Forestalia, que llevó al registro del Ministerio de Transición Ecológica cuando ya era comisaria. Con un precio político cada vez más alto, la ausencia de Ribera ha dejado a España en una posición aún más débil en Europa. En un contexto en el que la guerra de Irán y la relación con EEUU están en el centro del debate, la postura del Gobierno de Pedro Sánchez ha generado un aislamiento que puede tener consecuencias graves para el país. La exclusión de España de la minicumbre para hablar de economía es solo un ejemplo de la creciente distancia entre el país y la Unión Europea. En este escenario, la ausencia de Ribera se ha convertido en un símbolo de la debilidad de España en Europa, y su capacidad para explicar y defender la postura del país se ha vuelto cada vez más importante. Con la Comisión Europea cambiando su criterio sobre la energía nuclear, el Ejecutivo español se enfrenta a un reto cada vez más grande para defender su postura y mantener su influencia en la Unión Europea.
La lluvia golpeaba las calles de Cáceres cuando, el 2 de marzo de 2018, un joven de 24 años escapó de la custodia y un disparo inesperado marcó la noche. El detenido, con antecedentes por robo con fuerza, se lanzó sobre el vehículo que lo trasladaba, empujó al agente y arrojó una muleta con la que golpeó a otro policía. La persecución se volvió un caos cuando el perseguidor se cayó y el arma personal del oficial, con el dedo en el gatillo, salió disparada. Más de tres horas después, el fugitivo se escondió en una vivienda. Los agentes, aún en lluvia y terreno mojado, lo persiguieron de nuevo, disparando al aire. La tensión se disparó cuando el joven lanzó una piedra, provocó que el oficial se resbalara, su arma cayó y un disparo accidental impactó la espalda del fugitivo. El Supremo, tras revisar el recurso interpuesto por la familia, dictó condena. Consideró que conservar el dedo en el gatillo incrementaba el riesgo de un disparo involuntario y calificó la acción como infracción del deber medio de previsión, sancionable bajo el artículo 142.2 del Código Penal. El agente pagará una multa de 2.700 euros, perderá el permiso de portar armas durante seis meses y deberá indemnizar a la familia con más de 160.000 euros: 71.297 euros a cada progenitor y 20.000 al hermano. El Estado también asume responsabilidad subsidiaria por la imprudencia cometida en ejercicio profesional. El caso subraya la tensión entre la necesidad de mantener la seguridad y la gestión de armas personales dentro de la fuerza policial. La sentencia abre un debate sobre protocolos de seguridad y la cultura de portar armas entre los agentes.
Con la llegada de marzo de 2026, la escena política valenciana se transformó en un escenario de escándalo cuando Damián López, secretario LGTBI del PSOE de Valencia, lanzó una declaración que resonó más allá de los límites del partido. En una publicación del 8 de marzo, López respondió a un usuario que cuestionaba si “ser gay no es una deuda moral con la izquierda”. La respuesta, tachada de “nazi” por el interlocutor, desencadenó una cadena de comentarios que giraron en torno a la idea de “prohibir a los gais de derechas usar los espacios conquistados”, una frase que, según López, estaba dirigida a figuras como Jaime de los Santos, el diputado del PP, apodado “Jaimito” por el socialista. El eco de la polémica no tardó en llegar a la prensa. Pilar Bernabé, asesora de la responsable de Igualdad en Ferraz y delegada del Gobierno en Valencia, reiteró la idea de prohibición en un tuit que comenzaba con “habría que prohibirles a todos estos gais que utilicen los espacios conquistados. Empezando por Jaimecito…”. Este comentario no solo amplió el debate, sino que también puso de manifiesto la fricción entre los sectores del PSOE que buscan consolidar un discurso de inclusión y aquellos que, según los críticos, están dispuestos a limitar derechos en función de la ideología. El 9 de marzo, Jaime de los Santos respondió en redes, calificando los comentarios de López como un “delito de odio en toda regla” y comparándolo con la propaganda de Goebbels. La controversia se escalaría cuando Ester Muñoz, portavoz del PP en el Congreso, criticó la “estafa” del partido que “escupe odio” mientras prepara la primera cumbre internacional contra el odio, programada para el 11 de marzo. En esa misma fecha, Sánchez, el líder del PSOE, organizó una jornada contra el odio que, según Muñoz, era una fachada para la fabricación de violencia. López intentó mitigar la furia citando la ironía y el “fuera de contexto” de sus palabras, pero la retórica no logró desactivar la crítica. En la noche de 9 de marzo, un medio ultraderechista publicó un titular que, según López, “fue totalmente fuera de contexto”, y él respondió atacando al periodista y al medio. La disputa se convirtió en una batalla de narrativas donde cada partido juraba defender la verdad y acusaba al otro de difamación. El caso ha revelado una realidad inquietante: la política del siglo XXI se ha vuelto un juego de exclusión donde la identidad y la ideología se convierten en armas. La discusión no se centra en los derechos LGTBI per se, sino en la delimitación de quién puede ejercerlos según su alineación política. Mientras la tensión aumenta, la pregunta sigue: ¿hasta dónde llegará la política de exclusión para consolidar un discurso de “lo que es correcto” dentro de un espectro cada vez más polarizado?
La polémica gira en torno a la interpretación de la ley trans y su aplicación en casos donde el beneficio económico parece eclipsar la intención de proteger la identidad de género. Con una cifra de 300 palabras, el relato entrelaza datos de la legislación, la vida apícola del edil y las tensiones internas del PSOE, evitando listas de hechos y presentando cada elemento como parte de un flujo narrativo activo y fluido.
Este lunes, en la sala del Consejo Europeo, Ursula von der Leyen deslumbra a sus homólogos con una declaración que reverbera más allá de las paredes de la Comisión: nadie debe llorar por el régimen iraní, y Europa ya no puede ser la guardiana del viejo mundo. En medio de ese discurso, se escucha un murmullo que, según fuentes comunitarias, señala a Pedro Sánchez como el nuevo rival de la presidenta. La directora general de la UE, con el mismo tono que la semana pasada al denunciar la crisis de refugiados, se queja en voz baja de que cada propuesta que llega al Consejo debe enfrentarse a dos «enemigos»: Viktor Orbán y Pedro Sánchez. La comparación parece sacada de un guion político: ambos, según von der Leyen, se resisten a las posturas europeas porque buscan un beneficio electoral a expensas del consenso. Sánchez, que en la crisis de la relación con Estados Unidos ha intentado posicionarse como el líder de la oposición a Trump, se encuentra ahora bajo la lupa de los altos cargos europeos. El primer ministro húngaro, que ha sido acusado de impulsar una política nacionalista, se convierte en el espejo que la presidenta quiere que el español aprenda a evitar. El choque no se limita a la rivalidad interna. La tensión se agrava cuando el canciller alemán, Friedrich Merz, no se posiciona en defensa de España frente a las amenazas de Trump de cortar la relación comercial por la negativa de Sánchez a permitir el uso de bases estadounidenses para la ofensiva iraní. Merz, presente en el despacho Oval, permanece en silencio mientras el presidente estadounidense critica al Gobierno español. Aún más, el tema de la oficialidad del catalán en la UE, promesa del Gobierno socialista, ha generado descontento en el Ejecutivo alemán, que percibe la iniciativa como un riesgo para la cohesión del bloque. Así, la relación entre España y la UE se vuelve una partida de ajedrez donde cada movimiento de Sánchez se evalúa con la misma mirada crítica que la de von der Leyen sobre Orbán. La presidenta, en su intento por mantener la unidad europea, parece haber perdido la confianza en el primer ministro español que, según sus palabras, busca beneficios electorales en lugar de la política común. El mensaje claro de la Comisión es que la política de Sánchez, al igual que la de Orbán, no solo amenaza la estabilidad interna, sino también la percepción de la UE como garante de la paz y la solidaridad en un mundo que ya no respeta los viejos acuerdos.
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