Begoña Gómez en el banquillo
El juez Juan Carlos Peinado, titular del Juzgado de Instrucción número 41 de Madrid, se encuentra en la recta final de su carrera judicial, con 72 años y una jubilación obligatoria que se avecina el 27 de septiembre. Sin embargo, antes de colgar la toga, Peinado está decidido a dejar la instrucción del caso Begoña Gómez, la mujer del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, lo más avanzada posible. La causa, que investiga presuntos delitos de tráfico de influencias, corrupción en los negocios, apropiación indebida de marca, intrusismo profesional y malversación de fondos públicos, ha generado un enorme revuelo político y mediático. En las últimas semanas, Peinado ha acumulado las distintas piezas del procedimiento, citando a todas las partes, incluida la propia Gómez, su exasesora Cristina Álvarez y el empresario Juan Carlos Barrabés, para notificarles su obligación de transformar el procedimiento en una fase de vista oral ante un tribunal del jurado popular. La estrategia de las defensas se ha centrado en un triple objetivo: derivar las posibles responsabilidades de la Cátedra universitaria de Gómez al que fuera vicerrector de la Complutense, Juan Carlos Doadrio, y al propio centro; presentar a la asesora de Moncloa, Cristina Álvarez, como una víctima de las circunstancias que rodean la presente legislatura y la 'persecución política' que la izquierda sostiene que se está produciendo contra el entorno más cercano del presidente del Gobierno; y, por último, toda la batería de recursos que la representación jurídica de Gómez, liderada por el exministro socialista Antonio Camacho, ha dirigido a la Audiencia Provincial de Madrid con la intención de lograr, por una parte, el archivo de las diligencias, y, en su caso, que el procedimiento se dilate en el tiempo hasta la salida de Peinado. La Audiencia acumula varias impugnaciones pendientes de resolverse que podrían influir de manera significativa en el cierre de las actuaciones, y las defensas aseguran que la propuesta se basa en 'meras conjeturas' y no en indicios sólidos de delito. La defensa sostiene que no existe beneficio económico probado de las actividades académicas de Gómez en la Universidad Complutense porque las mismas no generaban ninguna retribución personal y que las aportaciones empresariales se destinaban al proyecto educativo, no a un enriquecimiento ilícito, en ningún caso. El juez Peinado ha trabajado sin descanso para dejar la instrucción lo más avanzada posible antes de colgar la toga, y ha citado a las partes para formalizar el rumbo hacia el jurado y ha unificado las líneas de investigación que consideraba 'íntimamente entrelazadas'. Sin embargo, cada nuevo auto del instructor genera un nuevo recurso, y la defensa de Gómez ya ha anunciado su oposición frontal a la vía del jurado popular, alegando que la resolución carece de justificación legal suficiente y que el origen de las pesquisas radica más en la condición de esposa del presidente que en elementos penales concretos. La causa ha marcado un antes y un después en la relación entre el Poder Judicial y el Ejecutivo, y los próximos meses determinarán si la instrucción contra Begoña Gómez llega a juicio o se diluye en un laberinto de recursos y plazos. Mientras, el juez sigue trabajando contrarreloj, y la defensa, pieza a pieza, intenta alargar la partida hasta que el tablero cambie de manos.
Comentarios