El caos del Gobierno con los funcionarios en prácticas cuesta 3,5 millones al mes: "Estamos en casa sin hacer nada"

Funcionarios sin trabajo

politica Un grupo de personas sentadas en sus casas, con ordenadores portátiles y sin nada que hacer, mientras una fila de personas espera en una oficina de extranjería.

En plena crisis de la Administración Pública, un escándalo de dimensiones épicas está sacudiendo las estructuras del Estado. Miles de funcionarios en prácticas, seleccionados y con sueldo público, permanecen en sus casas sin hacer nada, mientras la maquinaria del Estado se tambalea bajo el peso de la falta de personal en áreas críticas.

El costo de esta anomalía: 3,5 millones de euros al mes, una cifra que duele en la yugular de los contribuyentes. La paradoja es mayúscula: miles de trabajadores ya contratados y en nómina, pero sin destino ni tareas asignadas, mientras la Administración mantiene a funcionarios interinos cubriendo esos mismos puestos.

El origen del problema se remonta a las oposiciones de 2025, cuyo proceso culminó hace casi un año. Desde entonces, los aspirantes aprobados esperan la asignación de destino definitivo, un trámite que depende del Ministerio de Transformación Digital y Función Pública. La demora ha derivado en una situación inédita: desde febrero de 2026, cerca de 3.000 de estos perfiles han pasado a la condición de funcionarios en prácticas, con sueldo público pero sin actividad laboral.

El impacto económico es inmediato. Los salarios, que corren a cargo del erario, suponen un desembolso mensual millonario sin que exista una contraprestación en forma de trabajo efectivo. Las propias fuentes internas califican la situación de 'despilfarro', especialmente en un contexto en el que la Administración mantiene, de forma paralela, a funcionarios interinos cubriendo esos mismos puestos.

El desajuste no es solo contable. También evidencia una falta de planificación en la gestión de recursos humanos. Mientras una parte de la plantilla potencial permanece inactiva, otra soporta cargas de trabajo crecientes, en ocasiones al límite de su capacidad operativa. El momento elegido para este bloqueo administrativo no podría ser más delicado.

El inicio del proceso extraordinario de regularización masiva de inmigrantes ha tensionado aún más estructuras ya sobrecargadas, como las Oficinas de Extranjería o los servicios vinculados al empleo. En estos ámbitos, la escasez de personal se traduce en retrasos, saturación y fallos operativos.

La existencia de miles de empleados públicos en prácticas sin asignación resulta especialmente difícil de explicar. 'Podríamos estar cubriendo esas necesidades desde el primer día', insisten fuentes afectadas, que subrayan la contradicción entre la urgencia operativa y la inacción administrativa.

La situación genera además un efecto en cadena. La falta de personal estructural obliga a recurrir a soluciones temporales, incrementa la presión sobre los equipos activos y ralentiza la resolución de trámites clave para ciudadanos y empresas. Todo ello, mientras una bolsa significativa de trabajadores permanece infrautilizada.

El resultado es un sistema que combina sobrecarga en primera línea con ineficiencia en la retaguardia. Una dualidad que no solo tiene coste económico, sino también reputacional para una Administración que afronta uno de sus momentos más exigentes.

Crítica:

La falta de transparencia y la ineficiencia administrativa son los verdaderos culpables de esta situación. La noticia debería profundizar más en las causas y consecuencias de este despilfarro.

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