El miércoles, la sala del tribunal se transformó en un escenario de drama de telenovela, donde el empresario Víctor de Aldama decidió que el mejor modo de romper el hielo era lanzar un comentario que, en vez de aclarar la verdad, se convirtió en un chisme de oficina que hizo temblar las paredes de la justicia.
Aldama, con la calma de un corredor que acaba de encontrar la última cajita de chicles en el cajón de la mesa, empezó a narrar una historia que, según él, mostraba la “ascendencia importante” de Ábalos sobre la exministra María Jesús Montero. Mientras hablaba, las palabras “señoritas” para los momentos de “relax” del exministro se escaparon como humo de un cigarrillo en una habitación sin ventilación, provocando la incomodidad visible de los presentes.
La mayor sacudida, sin embargo, llegó cuando Aldama citó a Koldo García y, con la audacia de quien recita una canción de karaoke en medio de la noche, dijo que la ministra “se le hacía el coño agua” cada vez que hablaba con el ministro. La frase, tan filtrada como un chiste de oficina, hizo que Ábalos y Koldo se miraran como dos niños que se dan la mano en el pasillo después de una pelea.
Una abogada, con la cara más blanca que una hoja de papel, se tapó el rostro y negó con la cabeza como si el eco de la palabra fuera un golpe de timbre. Aldama no se detuvo ahí. Repetió que cada deseo que la ministra tenía “interesante” era una llamada que Ábalos le hacía, y que esta se trasladó a Koldo, y luego a él, como si se tratara de una cadena de WhatsApp sin emojis.
El empresario agregó que Koldo “estaba obsesionado con los tickets” y que incluso recogía justificantes del suelo para presentarlos después, una imagen tan surrealista como la de un chef que busca ingredientes en la basura. Entre risas y suspiros, Aldama añadió que Koldo mantenía una relación “excelente” con la expresidenta de ADIF, Isabel Pardo de Vera, insinuando una posible historia de amor que, según él, era tan plausible como una novela de telenovela.
Koldo y Ábalos se unieron a la carcajada, como si la sala fuera un club de comedia improvisado. En suma, el discurso de Aldama fue un desfile de palabras que, lejos de aclarar la situación, sirvió como recordatorio de que la política a veces se parece más a un juego de manos con el que se juega la balanza de la justicia que a una búsqueda de la verdad.
La sala, con sus murmullos, quedó marcada como el lugar donde la política, el poder y el chisme se encontraron para hacer una obra que no pasó de una escena de una telenovela.
Crítica:
El artículo omite la respuesta oficial de Ábalos, quedándose a mitad de la verdad. El tono se siente más sensacionalista que investigativo.
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