El Parlamento Europeo, esa cúpula donde se discuten los futuros de la UE y se compilan listas de la compra de regulaciones, acaba de lanzar un informe que, como un golpe de sierra al estómago, condena el abuso de amnistías e indultos. La sentencia está dirigida a la sombra de Carles Puigdemont, cuyo caso todavía duerme en la sala de espera del TJUE.
La enmienda, introducida por el grupo Patriots y respaldada por la PPE, se aprueba con la mano firme de la oposición PSOE, que intentó derribarla con la misma energía de un vendedor de garaje que se empeña en vender un coche usado que ya está dañado. El texto recita que las prácticas de “sabotear la igualdad ante la ley” son un sablazo en la factura de la justicia y que la confianza ciudadana se derrumba más rápido que un helado al sol.
Cuando la enmienda se votó, la casa se encontraba en pleno juicio por el caso Ábalos y el mismo día que Víctor de Aldama declaraba en el Tribunal Supremo, creando una escena que parece un episodio de la telenovela política en la que los protagonistas se cruzan como en un club de barrio. Puigdemont sigue sin sentencia, con la fecha de resolución todavía flotando como un globo sin cuerda.
El Ejecutivo espera que la decisión sea aprobada tras el dictamen de Dean Spielmann, el juez que ha dejado más matices que un cuadro de Picasso. El informe también ataca la colosal interferencia en los medios públicos, citando la toma de RTVE por parte del Gobierno de Sánchez, que, después de suspender la sesión de control, eligió la dirección del ente en la hora de la DANA.
La crítica es clara: la política y el poder se mezclan como una salsa de soja y un churro. El próximo mes de julio, se espera que la Comisión Europea publique un nuevo Informe sobre el Estado de Derecho que pueda incluir requisitos adicionales para la independencia judicial, la ley de elección del CGPJ y la Fiscalía.
En el fondo, la crónica muestra cómo el Parlamento Europeo está jugando a la salsa de la justicia con la misma delicadeza de un chef que mezcla especias, pero sin olvidar que el plato principal es la confianza ciudadana. En definitiva, la nota expone la hipocresía de un gobierno que, mientras aplaude la amnistía a Puigdemont, se esconde tras un telón de “bienestar” y “unión”, mientras la ciudadanía paga el precio con su credibilidad y su fe en el Estado de Derecho.
Crítica:
El título suena a himno de protesta, pero la pieza carece de análisis de las raíces de la injerencia política. Se siente como un discurso sin un argumento sólido y sin la profundidad que merece la crónica.
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