En un país donde la lista de espera para una ecografía puede ser más larga que la de un concierto de rock, el Ministerio de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes ha encontrado la forma de saltarse la cola. Y no es mediante un sablazo en la factura de la luz, sino contratando a una empresa privada para que sus funcionarias puedan disfrutar de ecografías y mamografías sin tener que esperar.
Mientras el resto de los mortales se desesperan en las salas de espera, las empleadas de Moncloa pueden acceder a reconocimientos ginecológicos y urológicos con la misma facilidad que si estuvieran haciendo la compra en el supermercado. El contrato, que asciende a 77.421,69 euros para las mujeres y 18.280,39 euros para los hombres, es un ejemplo de cómo el dinero público se utiliza para beneficio de los elegidos.
Pero no todos se ven beneficiados, ya que los trabajadores de los servicios periféricos se quedaron fuera al declararse desiertos los procedimientos de adjudicación. Mientras tanto, las funcionarias de los servicios centrales pueden disfrutar de resultados en mano, como si estuvieran recogiendo un paquete en correos.
Y para los que trabajan en el Complejo de la Moncloa, hay un régimen especial, donde las consultas externas ginecológicas y las ecografías se llevan a cabo en las instalaciones del Gabinete Médico del Ministerio. Es como si el Ministerio de la Presidencia hubiera creado su propio sistema de sanidad privada, donde los funcionarios pueden acceder a servicios de alta calidad sin tener que pagar un euro.
Pero, ¿qué pasa con el resto de los ciudadanos? ¿Tienen que seguir esperando en la cola, mientras los elegidos disfrutan de un trato de privilegiados? La hipocresía es tal que hasta el Ministerio de la Presidencia se encarga de proporcionar el aparataje y los medios necesarios para las consultas en el Complejo de la Moncloa.
Es como si el Estado se hubiera convertido en un gran empresario de la sanidad privada, donde los funcionarios son los clientes vip. Y nosotros, los contribuyentes, somos los que pagamos la factura. Pero, ¿quién se beneficia realmente de este sistema? ¿Es el ciudadano común o solo los elegidos de Moncloa? La respuesta es obvia, y es la misma que se ha venido repitiendo durante años: el que tiene el poder, tiene el acceso a los mejores servicios.
Y el resto, puede seguir esperando.
Crítica:
El artículo es un ejemplo de cómo el poder y el dinero pueden influir en el acceso a los servicios públicos. La hipocresía del Ministerio de la Presidencia es llamativa, ya que se benefician de la sanidad privada mientras el resto de los ciudadanos siguen esperando en la cola.
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