Noviembre y diciembre de 2020 fueron la temporada de la "gran apuesta" de la trama socialista. Mientras la gente en la calle se preguntaba si el guante de seda podía cubrir la pandemia, el gobierno de Pedro Sánchez jugó con la lógica de la economía como quien trata de ajustar una chaqueta de invierno a una cinta de moda. El plan salió del sofá de la presidencia de Francina Armengol en Baleares y de la de Ángel Víctor Torres en Canarias, donde la máscara no era la única que se vendía: los test PCR se convirtieron en el nuevo pasaporte de oro.
La idea era sencilla—y un tanto tirada al aire: abrir los aeropuertos de las islas con un “sablazo” de pruebas, mientras Madrid se aferraba a la línea de fuego con su propia agenda. Díaz Ayuso, que antes había pedido cerrar todos los aeropuertos de origen afectado, había cambiado de idea y ahora exigía la apertura con controles.
Pero eso implicaba dar la razón a la Comunidad de Madrid, algo que Pedro Sánchez no estaba dispuesto a aceptar. Así, la trama se comunicó directamente con Ábalos, el ministro de Sanidad, y a través de él, con el propio Sánchez, para que la apertura se limitara a Baleares y Canarias. El protocolo se aprobó en diciembre de 2020, tras una videoconferencia con Salvador Illa y las consejerías de Cataluña, Baleares, Canarias y Madrid.
Madrid, con la típica furia de una madre que se queja de que se le está robando la última pieza de pizza, no dio su visto bueno. Sin embargo, los aeropuertos se abrieron sin que se exigiera la apertura de Madrid. El beneficio económico se hizo patente cuando Eurofins Megalab facturó 5,3 millones de euros al Servicio Canario de la Salud (SCS) entre finales de 2020 y 2021, con contratos que se adjudicaron antes de que incluso se formalizara el primer test.
Mientras los pasajeros se tiraban de la tarjeta, la trama se aseguraba de que el dinero fluyera por las rutas más rentables. Todo esto se desarrolló con la participación de Koldo García Izaguirre, quien agitó el pulgar de la autoridad para que los protocolos se hicieran en tiempo récord.
Los mensajes entre Torres y Koldo, cargados de jerga de “no hay puta manera con Illa”, mostraron la urgencia de cerrar el círculo de los test, antes de que la opinión pública se diera cuenta. A la vista de estos hechos, la narrativa de “Sánchez abre Canarias, Madrid se queda” resulta una metáfora de la política de la pandemia: donde el dinero y el poder se vuelan como los pasajeros, y la salud pública se queda a la vera de la puerta de entrada.
Crítica:
El texto se siente como un guion de telenovela política: falta profundidad y el título promete más que entrega. Además, parece que se olvidó de preguntar quién pagó los tests.
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