Sauna del suegro: sexo y licencias
En el corazón de Madrid, un inmueble de la Muface se convirtió en la escena de un drama que parece sacado de una película de bajo presupuesto: una sauna llamada Adán que, bajo la fachada de salón de belleza, se abrió las puertas a un negocio de prostitución masculina, todo ello sin licencia y con los ojos de la ciudad a cuestas.
La primera señal de alarma fue el 23 de enero de 1984, cuando la Policía Municipal denunció a Sabiniano Gómez por ejercer sin permiso la actividad de bar‑pub en la calle San Bernardo 38. Pero la historia no terminó ahí. Entre 1980 y 1989, el local cambió de nombre y de uso más veces que un cliente cambia de peinado: salón de belleza, sauna, peluquería, gimnasio‑sauna y bar‑pub. Cada cambio llevaba su propia etiqueta legal, pero la realidad era la misma: cabinas con colchones, preservativos en papeleras y, según un informe policial de 1995, una sala de proyecciones donde se exhibía pornografía.
El Ayuntamiento, encabezado por Enrique Tierno Galván y luego Juan Barranco, le pidió a Gómez que regularizara la situación en varias ocasiones. La respuesta fue siempre la misma: solicitar licencias que nunca fueron aprobadas. La más relevante, la de gimnasio‑sauna con bar, finalmente se concedió el 27 octubre 1989, después de que el 12 junio de 1986 se diera una orden de precinto y, pese a ella, el local siguió abierto.
Mientras tanto, la comunidad política no perdió tiempo en poner el foco. El senador Alejo Miranda, durante la Comisión de Investigación del Caso Koldo, fue interrogado sobre la actividad y respondió con la clásica evasión: «He sido claro en esta cuestión; no tengo información». Y en 2016, según fuentes, Óscar López habría usado la información sobre la sauna en una reunión con Villarejo para debilitar a Pedro Sánchez y favorecer a Patxi López.
La Muface, propietaria del edificio, niega haber recibido requerimientos y sostiene que el negocio estaba en regla, aunque el 16 marzo 2022, cuando Sánchez ya era presidente, se puso fin al contrato de la sauna. El caso, revelado por El Debate y respaldado por documentos del Consejo de Transparencia de la Comunidad de Madrid, muestra cómo la burocracia y la política se entrelazan con la explotación sexual, dejando a la ciudad con una herida abierta y sin justicia.
En la calle, los vecinos aplaudían al recibir cartas de la mutualidad, pero la respuesta siempre fue la misma: “no hay documentos al respecto”. La ironía es tan grande que parece que la ciudad se dio una bofetada con la mano de la ley.
El caso, con sus 8 años de irregularidad, 27 licencias y 3 contratos de arrendamiento, termina con la pregunta que nadie quiere responder: ¿cuánto dinero se ganó y cuántos políticos se benefició de la sombra de una sauna?
Mario Herrera