España: EU report, democracia en huelga
El Parlamento Europeo, con la misma puntualidad que un bar de tapas que abre a las 2 a.m., sacó su informe el 16 y 17 febrero y le puso el nombre de "demoledor" a la democracia española. Entre la lista de la compra de cifras y la lista de deseos de la UE, se destaca que, desde 2018, el Gobierno ha emitido más de 120 decretos‑ley, el récord más alto de cualquier democracia comparada. El número suena a 120 papeles que se van tirando de la mesa sin que nadie los revise, como si el Ejecutivo estuviera haciendo una regularización masiva de la realidad política sin pasar por la contracapa de la deliberación.
El texto no se queda en la superficie; avisa que la polarización política y las tensiones institucionales son el caldo que derrite la confianza pública. Se menciona a Vox, con su portavoz Jorge Buxadé, que al ver la aprobación del informe sin posibilidad de enmienda, se quejó de que “el procedimiento es insuficiente”, como si el documento fuera una ensalada sin salsa.
La UE, con la paciencia de un niño que quiere un helado pero no quiere que le tiren la cuchara, pide reforzar el consenso, la transparencia y la independencia institucional. El informe señala que el Estado de Derecho sigue sólido, pero que la “tensión institucional recurrente” y la “polarización política” son como una olla a presión que, sin despresurizar, puede explotar.
En el terreno judicial, Teresa Peramato, fiscal general del Estado, se menciona por su mandato de no rebajar la condena a Víctor de Aldama, mientras el Tribunal Constitucional juzga la práctica de la Mesa del Congreso que bloquea iniciativas de oposición. Las cifras de percepción de corrupción, que han descendido a su nivel más bajo desde 2012, sugieren que la calle está más fría que el hielo de una nevera que nadie abre.
El informe también se preocupa por la gobernanza de RTVE y las dificultades de acceso a la información para periodistas, señalando que la polarización afecta el pluralismo. En todo esto, la UE recuerda a Hungría y Eslovaquia, que antes de recibir sanciones, también mostraron que el “decreto‑ley” puede ser un arma de doble filo.
En esencia, la crónica muestra que la democracia, al igual que la lista de la compra del supermercado, necesita ser revisada antes de que el cajero la empiece a contar. La UE está de paso, como un fiscal de la calle, buscando que España vuelva a ser más que un juego de fichas políticas con la misma mirada de quien quiere que la política sea un negocio sin recesión.
Mario Herrera