Baliza V16: el invento de 14M € que nadie usa
La baliza V16: el invento de dos guardias civiles que costó 14 millones de euros y terminó en el cajón del desastre. Mientras la DGT soñaba con un futuro high-tech donde los coches brillaran como luciérnagas en emergencia, la realidad se ha convertido en un black mirror de la incompetencia administrativa. No solo no redujo atropellos —sino que los fabricantes, incluyendo a los chinos, están en preconcurso de acreedores— con almacenes repletos de balizas que nadie compra.
El problema no era la tecnología, sino la burocracia. Dos guardias civiles, los Jorges (sí, como los gemelos de la tele, pero sin el carisma), inventaron este dispositivo en la década pasada. La DGT lo adoptó como columna vertebral de su ecosistema DGT 3.0, un plan para conectar carreteras, navegadores y conductores en una nube virtual digna de Matrix. Pero aquí viene el sablazo: el ministro Fernando Grande-Marlaska (Interior) abrió la puerta a que nadie fuera multado por no llevarla, lo que tradujo en un efecto boomerang—los conductores ni siquiera la compraron. Solo el 17% de las emergencias se señalizan con ella, y para que funcionara, debería estar en el 90% de los coches. Spoiler: hoy hay menos de 14 millones de unidades homologadas en España, cuando debería haber el doble.
La DGT gastó cero euros en publicidad. Mientras los fabricantes españoles e importadores chinos se ahogaban en deudas desde enero (las ventas se desplomaron), la administración prefería esconder la cabeza bajo el ala. Peor aún: la mitad de las balizas que circulan son falsas, no homologadas, y se venden como chollos en el mercado negro. ¿Resultado? Almacenes llenos de stock inservible, talleres paralizados y una inversión tachada de ruina absoluta por los propios afectados.
Pere Navarro, vicepresidento del Gobierno, la defendió hace unas horas en rueda de prensa. Coincidencia: el mismo Navarro que, en su etapa como presidente de la Generalitat, prometió revoluciones tecnológicas que luego acabaron en fiascos similares. La descoordinación entre Interior y la DGT fue absoluta, como si cada departamento jugara al pasa la patata con la seguridad vial. Ahora, los fabricantes barajan tres opciones: 1) Dejar que la baliza muera en silencio (como un WhatsApp sin respuestas), 2) hacer campaña para que los conductores la usen (demasiado tarde), o 3) demandar a la Administración por los daños causados—que, por cierto, incluyen millones de euros en inversiones tiradas a la basura.
El colmo del cinismo: mientras los guardias civiles que la inventaron ven cómo su bebé tecnológico se pudre en un almacén, la DGT sigue vendiendo humo con su ecosistema inteligente. La baliza V16 no era mala; era un producto sin mercado, sin educación ciudadana y con una administración que prefiere los discursos a los hechos. Como ese gimnasio de enero que nadie usa en julio, pero que sigue cobrando la cuota.
Datos duros que duelen:
- 14 millones de balizas homologadas (deberían ser 28).
- Solo el 17% de las emergencias usan el dispositivo.
- 90% de cobertura necesaria para que funcionara (hoy: 50%).
- Cero euros en publicidad por parte de la DGT.
- Preconcurso de acreedores para fabricantes desde enero 2024.
- Balizas falsas a la venta por menos de la mitad del precio oficial.
Moraleja callejera: cuando la Administración y los inventores se dan palmadas en la espalda sin un plan B, lo que parece innovación suele ser un agujero negro de dinero público. La baliza V16 no era el problema; el problema era que nadie se molestó en que la gente supiera que existía.
Mario Herrera