Inspecciones encubiertas
La decisión del Gobierno de Pedro Sánchez de cambiar el modelo de control del comercio de especies protegidas en España ha generado un escenario de inseguridad jurídica y ha abierto un frente legal inquietante. El convenio Cites, que regula el comercio de animales y plantas protegidas, pasó del Ministerio de Economía al de Transición Ecológica en 2022, y desde entonces, el sistema ha dependido en gran medida del personal externo contratado a través de Tragsa. Sin embargo, solo un funcionario puede realizar inspecciones oficiales, y el personal de Tragsa no tiene la capacidad jurídica para hacerlo. Para sortear esta limitación, el nuevo sistema ha introducido el concepto de 'visitas', que en la práctica cumplen una función similar a la de las inspecciones, pero sin la autoridad necesaria. Los técnicos de Tragsa elaboran informes que se convierten en la base para conceder o denegar certificados Cites, aunque no tienen validez jurídica por sí mismos. Esto ha generado una situación de inseguridad jurídica, ya que los criadores pueden negarse a permitir la entrada de estos técnicos, pero la presencia de la Guardia Civil puede elevar la presión sobre los particulares. El Tribunal Supremo ya había establecido que Tragsatec no puede ejercer funciones de autoridad, lo que implica que no puede realizar inspecciones con efectos jurídicos. El nuevo modelo bordea constantemente este límite, lo que ha generado un nivel de inseguridad jurídica total, según denuncian los expertos. La situación es comparable a una lista de la compra, donde los artículos están incluidos, pero no se puede saber si se pueden comprar o no. O como si se intentara pagar una factura con una tarjeta que no tiene fondos suficientes. La hipocresía del sistema es similar a la de un sablazo en la factura, donde se cobra por algo que no se ha recibido. En este caso, el sistema cobra por inspecciones que no se pueden realizar de forma legal. El gasto público se ha multiplicado por cuatro, y el modelo anterior funcionaba perfectamente. El cambio ha generado un agujero contable y una desaparición de fondos que no se pueden justificar. La ingeniería financiera del sistema es similar a la de un juego de azar, donde se apuesta con dinero público sin saber si se ganará o se perderá. El CEO del sistema, en este caso, el Gobierno, ha fulminado la confianza de los criadores y ha dinamitado la estabilidad del sistema. La cifra de 2 millones de euros, que se ha gastado en el sistema, es similar a la de un sablazo en la factura, donde se cobra por algo que no se ha recibido. La ironía del sistema es que se intenta controlar el comercio de especies protegidas, pero se ha generado un sistema que es más peligroso que el tráfico ilegal que se intenta evitar. La historia es similar a la de un cuento de hadas, donde se intenta encontrar un final feliz, pero se encuentra un final inesperado. En este caso, el final inesperado es la inseguridad jurídica y la hipocresía del sistema.
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