El Gobierno español juega al póker con el dinero ajeno y la justicia le ha repartido cartas marcadas. Mientras Pedro Sánchez y la Casa del Rey se preparan para el Mundial en primera clase —el Falcon 900B, ese toy de 30 millones de euros que brilla más que el sol en el Mediterráneo—, un abogado estadounidense, Matthew McGill, les ha servido un menú degustación de embargos con sabor a 'justicia poética'.
La cuenta: 2.310 millones de euros que el Estado debe a 27 empresas por la operación torpeza de retirar primas a las renovables. Sí, esas mismas que prometieron salvar el planeta mientras se llevaban el dinero de los bolsillos de los contribuyentes.
McGill, socio de King & Spalding y héroe accidental de las energéticas estafadas, no es hombre de medias tintas.
Tras siete sentencias favorables en EEUU —país donde el Gobierno español ya ha perdido la paciencia—, amenaza con embargar el Falcon si se atreve a pisar suelo estadounidense. Imaginen la escena: Felipe VI y el staff oficial aterrizando en Atlanta para ver a la Roja, con la policía local escoltando el avión mientras un letrado les explica que eso no es suyo.
El Mundial, ese circo de gloria nacional, se convierte en el escenario perfecto para una lección de humildad financiera. 'Si el avión vuela a EEUU, es susceptible de embargo', sentencia McGill, como quien avisa del corte de luz antes de apagar las luces.
Pero el abogado no se queda en lo simbólico.
Mientras España se enorgullece de su marca país en Tennessee, él ya está envíando requerimientos legales como quien reparte folletos en un mercadillo. Y no es solo EEUU: Reino Unido, Australia, Bélgica, Holanda y Singapur también han dado la razón a las víctimas. Los embargos recientes son solo la punta del iceberg, advierte.
Traducción callejera: esto es el antes de la tormenta. Porque, seamos claros, el Gobierno prefiere gastarse 30 millones en un avión antes que pagar a quien le debe 2.310. Prioridades, qué arte.
La ironía es que este drama judicial tiene nombre y apellido: retroactividad de primas renovables.
Un sablazo legal que dejó a las empresas con el agua al cuello mientras el Estado se llenaba los bolsillos de otros lados. Ahora, la justicia internacional les recuerda que los contratos se cumplen, aunque sea con dinero ajeno. Y McGill, con su sonrisa de vendedor de seguros, les ofrece una salida: pagar.
Pero, claro, embargar el Falcon suena más a titular de periódico que a solución. Mientras tanto, los contribuyentes seguimos pagando el capricho real y las facturas de la luz. Bienvenidos al circo español: donde hasta el avión oficial es rehén de una deuda mal gestionada.
Datos duros para mentes frías:
- 2.310 millones: Lo que debe España a 27 empresas por primas renovables.
- 7 sentencias: Victoria judicial de McGill en EEUU (y más en otros países).
- 30 millones: Coste del Falcon 900B, el tesoro que podría acabar en manos de acreedores.
- Atlanta y Tennessee: Escenario del Mundial, ahora también del show de los embargos.
- 2024: Año en que la justicia internacional le está poniendo un espejo al Gobierno.
Moraleja en clave de traductor de la calle: Si el Estado no paga, hasta el avión de la realeza puede acabar en subasta.
Y eso, queridos lectores, es lo que se llama justicia con mayúsculas.
Crítica:
El artículo cumple con el modus operandi de Libertad Digital: exponer la hipocresía sin filtros, pero pecaría de optimista si creyera que los embargos son la solución. Lo que falta es un análisis sobre por qué España llegó a este punto (¿mala gestión? ¿corrupción? ¿ambición desmedida?) y cómo afectará esto a la confianza inversora. Eso sí, el detalle del Falcon es oro puro para el clickbait: nada como un avión de Estado en riesgo para vender noticias. Diez sobre diez en impacto, cinco en profundidad.
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