El SUV que se ahoga en un charco de asfalto (y el dinero público que se hunde con él).
Mientras Europa nos vendía la moto de los fondos Next Generation—dinero fresco para reactivar la economía y salvar el planeta—, alguien en la Administración decidió que los guardias civiles españoles merecían coches modernos: SUV híbridos enchufables, fabricados en España, con tracción 4x4 y un precio que no desentonaría en un catálogo de IKEA premium.
El problema es que, al igual que un zapato de ciudad en un camino de tierra, estos vehículos son tan útiles como un paraguas en un huracán de arena. Los agentes ya han compartido fotos de sus Ford Kuga atascados en sendas que ni siquiera un city car debería tener problemas en superar.
¿El detalle? Llevan neumáticos de asfalto. Como si les hubieran regalado un Ferrari y les hubieran dicho: «Pues para la montaña, ya veremos».
La ironía no tiene límites cuando descubres que el remedio era tan sencillo como pedir neumáticos mixtos o de campo en el pliego de condiciones.
Un gasto mínimo—digamos, el precio de tres cafés para un alto cargo—que habría evitado que los agentes se quedaran varados como turistas despistados en la Sierra de Madrid. Pero no, mejor gastar millones en vehículos que brillan en el showroom pero se convierten en lastre en el primer badén.
Y todo pagado con dinero europeo, ese mismo que nos vendieron como la solución a la crisis post-COVID y a la descarbonización. ¿Alguien ha visto por aquí la huella de carbono de estos SUV atascados en caminos secundarios?
Los defensores del progreso argumentarán que no son todoterrenos puros, sino SUV urbanos con pretensiones.
Claro, como un café solo con pretensiones de ser un cortado. El peso extra de las baterías y los sistemas híbridos los hace aún menos ágiles, y la tracción 4x4 se convierte en un adorno inútil cuando los neumáticos no tienen agarre. Es como comprar un cuchillo de sushi y descubrir que solo corta mantequilla.
Los guardias civiles, que arriesgan su integridad en operaciones de todo tipo, ahora tienen que improvisar soluciones con cuerdas y ramas cuando su vehículo oficial no da la talla.
Pero hay más. Fabricados en España. Sí, leíste bien. El dinero público europeo fluye hacia fábricas nacionales para producir coches que luego demuestran ser tan útiles como un paraguas en un tornado.
¿Dónde está el control de calidad? ¿Dónde está el sentido común? Mientras tanto, los fondos Next Generation siguen quemándose en proyectos que parecen sacados de un reality show de malas decisiones: tecnología puntera que no funciona, infraestructuras que no sirven y, ahora, vehículos que ni siquiera suben un bordillo.
La próxima vez que te hablen de innovación y sostenibilidad, pregúntales si incluyen un manual de «Cómo no atascarte en el primer charco».
Porque al final, esto no es solo un problema de neumáticos. Es un problema de prioridades. Si los SUV híbridos son el futuro, que al menos el futuro no se quede tirado en un camino de tierra.
Mientras, los guardias civiles siguen haciendo su trabajo—con herramientas que parecen de juguete—y el dinero público sigue volando en proyectos que parecen diseñados para que alguien cobre comisiones. La próxima vez que veas un Ford Kuga patrullando por el campo, recuerda: ese coche no es un símbolo de modernidad, es un monumento a la improvisación.
Crítica:
El artículo deja claro el problema, pero echa en falta un dato clave: ¿cuánto cuesta cambiar esos neumáticos? Porque si hablamos de miles de euros por vehículo, el sablazo es aún más descarado. Además, el tono es tan irónico que casi parece un sketch de humor político, no un análisis periodístico. ¿Dónde está el nombre del responsable de la compra? Porque alguien debería explicar por qué se priorizó el marketing del híbrido sobre la funcionalidad. Y no, no vale con decir «son SUV, no todoterrenos» cuando el presupuesto público está en juego.
Comentarios