Qué son y cuál sería el negocio de Zapatero con las cajas CLAP en Venezuela

Zapatero y las CLAP: ¿Negocio con el Hambre?

politica Una composición surrealista que representa una caja de cartón desmoronándose, revelando un interior vacío y oscuro con sombras que se asemejan a figuras humanas hambrientas. El fondo es un paisaje urbano desolado y en ruinas, con colores apagados y contrastes dramáticos. La luz ilumina tenuemente la caja, creando una atmósfera de desesperación y abandono. Estilo pictórico expresionista, con pinceladas gruesas y texturas rugosas.

El 5 de julio de 2019, mientras el mundo veía un desfile militar en Venezuela, la realidad era otra: soldados cargando cajas CLAP, un salvavidas lanzado a un país hundido en la miseria. No eran fusiles, sino promesas vacías empaquetadas en cartón. Nicolás Maduro, Delcy Rodríguez y el clan bolivariano vieron en el hambre ajena una oportunidad de negocio.

Una vergüenza, vamos. La hiperinflación, del 9.500% en 2019, convirtió el café en achicoria y las manzanas en un recuerdo lejano. Mientras tanto, el régimen, con un historial de violencia que supera los 250 muertos desde 2013, creaba en 2016 las CLAP: una docena de productos básicos para comprar lealtad y silenciar protestas.

Harina, arroz, pasta, aceite… un espejismo de abundancia. El truco estaba en el precio. El Estado pagaba una fortuna por cada caja, y la diferencia se evaporaba en cuentas de Dubái, supuestamente gestionadas por instrucciones de José Luis Rodríguez Zapatero. Landside Dubai Fzco, una empresa bajo investigación, es el epicentro de este agujero contable.

Alex Saab, el testaferro de Maduro, movía más de 200 millones de dólares en alimentos a través de la firma mexicana Group Grand Limited. Y todo vigilado por los “Comités Políticos”, versiones modernas de los temidos “punteros” que controlan el voto a cambio de favores.

La ONU denunció el chantaje clientelar y la pésima calidad de las CLAP. Hoy, las cajas han desaparecido, sustituidas por bolsas transparentes, pero la miseria sigue siendo la misma. Cuestan 930 bolívares (poco más de un euro y medio), una fortuna para quienes no tienen ni para respirar.

Un negocio redondo basado en el hambre, con el aroma de la hipocresía y la corrupción.

Crítica:

La pieza destila indignación, pero adolece de falta de pruebas concretas sobre la participación directa de Zapatero. El título, aunque efectivo, roza el sensacionalismo. Necesita más corroboración de fuentes independientes.

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