Crítica:
La noticia se centra demasiado en la denuncia del abogado del PP, perdiendo la oportunidad de ahondar en el origen y destino de los fondos de Ópera Joven. La falta de detalles sobre el proyecto en sí es una omisión grave.
La noticia se centra demasiado en la denuncia del abogado del PP, perdiendo la oportunidad de ahondar en el origen y destino de los fondos de Ópera Joven. La falta de detalles sobre el proyecto en sí es una omisión grave.
La Diputación de Badajoz, un laberinto burocrático donde las actas parecen multiplicarse como gremlins mojados. El hermano del presidente, David Sánchez, aspirante a coordinador de conservatorios, no solo consiguió el puesto, sino que, según destapa OKDIARIO, la puntuación inicial a su favor era un rotundo 100 sobre 100. Un pleno absoluto que, modestamente, se “ajustó” a 90 para darle un aire de normalidad. Mientras el ciudadano de a pie lucha por cuadrar los números de la lista de la compra, este “ajuste” recuerda al sablazo en la factura del fontanero. El juicio, un espectáculo en sí mismo, revela que no hay una, ni dos, sino tres actas de valoración. La tercera, convenientemente pegada al currículum de Sánchez, le otorgaba la máxima puntuación incluso en un máster de dirección de orquesta que, digamos, no es precisamente oficial. Un detalle menor, ¿no? La entrevista, por cierto, se celebró un día diferente al que constaba. Pequeñas licencias poéticas para que todo encaje. El correo electrónico de Félix González, jefe de Recursos Humanos, es un manual de instrucciones para la manipulación: “Si decides hacer alguna modificación… el del papel será el bueno”. Un guiño que vale más que mil palabras. Y luego está el testigo que “no recuerda” haber firmado un documento que, casualmente, está en el sumario. Un clásico. La Diputación, en definitiva, parece una sucursal de la ingeniería financiera, donde los puntos se multiplican y las actas desaparecen según convenga. Todo para que el hermano de Pedro Sánchez, músico de profesión, se hiciera con un puesto que, según la juez instructora, “parece que se creó para serle asignado”. Un puesto de funcionario, una plaza segura, un pequeño favor entre hermanos. Un favor que, según las acusaciones, podría incluir un delito de falso testimonio y una pieza separada en el juicio.
La justicia, ese terreno abonado para las buenas costumbres. Resulta que José María Sánchez Sánchez, jefe de bibliotecas en la Diputación de Badajoz (un cargo para suspirar, ¿verdad?), niega haber firmado un documento. Un documento, ojo, con su firma electrónica. La cosa huele a chamusquina, a “no lo recuerdo” convenientemente amnésico. Y la pregunta que flota en el aire, más allá de la legalidad de la firma, es: ¿cuánto cuesta un testimonio favorable? El juicio de David Sánchez, hermano del Presidente, se ha convertido en un festival de guiños y tapaderas. El bueno de José María, visiblemente nervioso (normal, con la soga al cuello), se escuda en un “creo que no” que desactiva cualquier atisbo de credibilidad. Mientras tanto, el abogado del PP, Alberto Durán, pide explicaciones y hasta insinúa un falso testimonio. La ley, en teoría, exige decir la verdad, pero parece que en este caso, la verdad es un bien escaso. Y la Diputación de Badajoz, con su firma digital en el documento maldito, se convierte en protagonista involuntaria de este sainete. Pero lo bueno no termina ahí. Resulta que a José María le han hecho fijo en su puesto… justo antes de tener que declarar. Un pequeño “incentivo” para que su memoria fuera selectiva. El documento que niega firmar revela, por cierto, que el ex asesor de La Moncloa, Luis Carrero, tenía entre sus funciones… ¡ayudar a David Sánchez! La instructora del caso ya sospechaba que el puesto de Carrero era un capricho, y este testimonio (o su negación, más bien) lo confirma. El caso, en resumen, es una madeja de intereses, favores y silencios cómplices. Y mientras tanto, el ciudadano de a pie sigue pagando la cuenta. Literalmente. Que el presupuesto de las bibliotecas de Badajoz es público, ¿no?
El sumario del PSOE parece sacado de una novela de espías baratos, pero con dinero real de todos nosotros. La Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, esa gente que debería estar persiguiendo delincuentes, se encontró con que estaban siendo desacreditados por una campaña orquestada desde el entorno del PSOE. Leire Díez, vinculada a Santos Cerdán, presumiendo de tener “control” sobre la directora general de la Guardia Civil, Mercedes González. ¿Control? Suena a chiste, pero la nota interna de la UCO del 5 de mayo de 2025 lo documenta. La cosa se pone jugosa: presiones a testigos con ofertas de trabajo y abogados a medida, reuniones secretas con empresarios de hidrocarburos (Alejandro Hamlym de Hafesa, por ejemplo) para encontrar “material comprometedor” contra los investigadores. Rubén Villalba, ex comandante, tentado con un puesto a cambio de chivatazos. Joaquín Parra, investigado por fraude, al que le prometieron retirar acusaciones si acusaba a Repsol. Y la guinda del pastel: la oferta de 25.000 euros para la boda de la hija de Carmen Pano a cambio de cambiar su declaración. Un “salvavidas” para Ábalos y Koldo, según la abogada Leticia de la Hoz. Pero el show no termina ahí. El entonces director general de la Guardia Civil, Leonardo Marcos, ordenó “ponerse de perfil” en investigaciones con “afectación política”. Es decir, tapar el asunto. Y abrieron investigaciones internas en la UCO para averiguar quién filtraba información a la prensa. ¿A quién, precisamente? A la prensa que estaba contando todo esto. El magistrado del Tribunal Supremo, Leopoldo Puente, les advirtió: esto huele a persecución. La instrucción del juez Pedraz ahora tiene el mapa completo. Un mapa que dibuja una maquinaria para colonizar la fiscalía, la defensa, la Guardia Civil y los testigos. El caso Koldo ha dejado de ser un agujero y se ha convertido en una cloaca a cielo abierto.
La UCO ha soltado la bomba: el tinglado de Santos Cerdán y Leire Díaz no era una simple fontanería, sino una operación orquestada desde la cúpula socialista para, digamos, 'proteger los intereses del jefe'. Y cuando 'intereses' suena a eufemismo, ya sabemos que alguien estaba tirando de la cuerda (y del dinero público). La investigación desvela que entre 2024 y 2025, el PSOE se convirtió en el cajero automático de una trama que facturaba 22.500€ a Leire Díaz (más IVA, que Hacienda no perdona) y 125.000€ al abogado Teijelo, con facturas que parecen escritas en clave. Cerdán, desde su puesto en la Secretaría de Organización, habría puesto a disposición del grupo toda la infraestructura del partido: personal administrativo, oficinas para reuniones turbias, y hasta viajes y alquiler de coches. Un 'todo incluido' para la corrupción, vaya. Y como colofón, un contrato de trabajo simulado para Leire Díaz, con 16.000€ de nóminas, orquestado por el propio Cerdán. Pero la cosa no acaba ahí: la UCO apunta a cohecho, ofrecimientos de favores a jueces y fiscales a cambio de información, y la participación de empresarios como Javier Pérez Dolset, que no solo informaba, sino que también “procesaba” los datos… como si fuera un call center del escándalo. La gerente del PSOE, Ana María Fuentes Pacheco, también está en el punto de mira por posibles facturas falsas. En resumen, una trama que huele a podrido y que pone en entredicho la integridad del partido… y, claro, del jefe.
La FIFA husmea en el código ético de la RFEF, ese documento que, convenientemente, se modificó justo a tiempo para que ciertas cuentas, por llamarlo eufemismo, no prescribieran. ¿Coincidencia? Dirán los optimistas. El informe anónimo “Pelícano 2.0”, una filtración que parece sacada de una novela de espías, detalla cómo, en junio de 2021, mientras Laporta se instalaba en el palco del Barça, la RFEF aprobó un nuevo código con prisas y sin explicaciones. Un cambio que redujo los plazos de prescripción para delitos de corrupción, justo cuando los 8,4 millones de euros pagados a Negreira empezaban a tener fecha de caducidad. O sea, que mientras tú te preocupas de que la leche no se te ponga mala, ellos se preocupaban de que los trapos sucios no salieran a la luz. La jugada maestra fue remitirse a la ley ordinaria, lo que acortó el plazo de perseguir estos delitos a solo tres años. Un golpe de efecto que blindó administrativamente el ‘caso Negreira’ justo en el momento crítico. Y todo esto, mientras la FIFA y la UEFA, con Aleksander Ceferin a la cabeza, predicaban la tolerancia cero con la corrupción. La RFEF, recordemos, había votado a favor de la prescripción ilimitada de estos delitos. ¿Hipocresía? Puede ser. ¿Intereses oscuros? Lo dejamos a la imaginación. El informe, apoyado en fuentes abiertas y actas de la RFEF, pinta un cuadro desolador: falta de transparencia, manipulación y un claro intento de proteger a los implicados. La sombra de la corrupción se extiende, ahora, también sobre el Mundial de 2030, que España organizará junto a Portugal y Marruecos. ¿Será capaz la FIFA de poner orden en este avispero? O, como suele pasar, todo quedará en una reprimenda y una multa testimonial. La pregunta es si el fútbol español podrá alguna vez salir de este lodazal.
Madrid, 2024. Mientras tú haces cola en el aeropuerto, sorteando el caos y pagando un dineral por un café aguado, parece que algunos viajaban con un pase VIP cortesía del comisario Gómez Martín, el rey del 'Delcygate'. Un inspector valiente, harto de ver cómo se saltaban todos los protocolos, denunció en 2021 y 2022 un carrusel de favores: desde acelerar trámites a personalidades dudosas hasta convertir la comisaría en un parking gratuito para amigos del jefe. La UDEF, que ya estaba husmeando en el caso Plus Ultra, se encontró con un nido de irregularidades que, casualmente, coinciden con la época en que José Luis Rodríguez Zapatero era el inquilino de Moncloa. El inspector, que grabó en audio las amenazas del comisario –un clásico: “te vas voluntario o te echo”–, acabó recuperando su puesto gracias a un juez que no se tragó la excusa del “cambio de servicio”. Mientras tanto, el abogado de Plus Ultra, Miguel Palomero, parecía tener una línea directa con el comisario para conseguir autorizaciones especiales durante la pandemia. ¿Negocios ilícitos en el aeropuerto de Cuatro Vientos? La investigación apunta a que sí. Lo más escandaloso no es solo que se permitieran estos privilegios, sino que la denuncia del inspector fue ignorada y él mismo fue castigado con un traslado a Chamartín. Un clásico caso de 'linchar al que dice la verdad'. Ahora, con la imputación formal del comisario en el horizonte, su etapa en Canarias parece contar las horas. Un agujero contable que huele a chamusquina y a demasiadas maletas sin registrar. El sistema, como suele ocurrir, protegiendo a los suyos… hasta que la evidencia es irrefutable.
El caso Azagra, hermano del presidente, sigue destapando latas en la Diputación de Badajoz. Testigos 'independientes' con el carnet del PSOE jurando y perjurando. Un espectáculo dantesco donde la meritocracia es una palabra inventada y el 'traje a medida' institucional se confecciona con hilos de clientelismo. José María Sánchez, alcalde del PSOE en La Coronada durante 13 años, mintió sobre su pasado para aparentar neutralidad. Estrella Gordillo, ex enfermera convertida en política profesional, se olvidó convenientemente de su trayectoria socialista. Y así, una hilera interminable de funcionarios que, convenientemente, olvidan mencionar su afiliación mientras validan un proceso a medida para el hermano del jefe. El correo electrónico de David Azagra, fechado 23 días antes de la publicación de las bases, es la prueba del pastel: un 'te quiero, te voy a colocar' institucionalizado. La Diputación, convertida en una sucursal de Moncloa. La factura, como siempre, la pagamos todos. Los currículums se inflan como globos aerostáticos, las 'coincidencias' son tan forzadas que dan vergüenza ajena, y la transparencia brilla por su ausencia. Ramón Díaz, veterinario y vicepresidente de la Diputación, un ejemplo perfecto de la fauna que habita este ecosistema. La pregunta no es si el proceso fue limpio, sino cuánto costó silenciar a los que sabían que no lo era. 2 millones de euros y un sinfín de favores para mantener la fachada de legalidad. Mientras tanto, la lista de la compra se encarece y el ciudadano de a pie sigue preguntándose dónde está el dinero.
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