Crítica:
La noticia es un iceberg. Lo que se revela es solo la punta. Faltan detalles sobre las investigaciones policiales y la responsabilidad de los altos cargos implicados. El título, aunque llamativo, podría ser más directo.
La noticia es un iceberg. Lo que se revela es solo la punta. Faltan detalles sobre las investigaciones policiales y la responsabilidad de los altos cargos implicados. El título, aunque llamativo, podría ser más directo.
El Sumo Pontífice aterrizó en Barajas, con todos los honores. Mientras León XIV estrechaba manos y repartía bendiciones, Pedro Sánchez ya tenía la calculadora afinada. Porque, señores, entre recibir al líder espiritual y lidiar con el sumario Díez (que, ojo, desentierra cadáveres en la cloaca socialista), el Presidente encontró tiempo para un 'finde' con Gorillaz. Sí, lo han leído bien. Del Palacio Real al Parc del Fòrum, directo a la zona VIP, con Begoña Gómez, la 'tetraimputada' (para que no se diga que no tienen agenda), como acompañante de lujo. La agenda oficial lo confirma: Sánchez, después de la foto de compromiso con el Papa, se escapa al Primavera Sound. La ironía, como un sablazo en la factura, es que la semana es crucial para el PSOE. El caso Leire Díez, con sus 'cloacas' y tramas para 'desbaratar' causas judiciales, amenaza con convertir la Moncloa en un avispero. Y mientras tanto, el 'one' –léase, el mismísimo Pedro Sánchez– prefiere bailar al ritmo de los Gorillaz. ¿Prioridades? Quizás. ¿Una señal de que la cosa está más que complicada? Probablemente. El festival, según fuentes extraoficiales, tiene un coste de entrada modesto, digamos, unos 120 euros. Una nimiedad comparada con los millones que, presuntamente, se intentaron desviar para 'limpiar' los expedientes del PSOE. Entre los artistas programados para este sábado, además de los mencionados Gorillaz, destacan The xx, My Bloody Valentine y Peggy Gou. Uno se pregunta si el Presidente le habrá pedido un autógrafo al Papa antes de coger el AVE a Barcelona. O quizás simplemente le dijo: “Perdone, Majestad, pero tengo un concierto”. La cosa, desde luego, huele a chamusquina. Y no precisamente a incienso.
La coherencia tiene un precio, y parece que el ex-presidente Zapatero la tasó en toneladas de petcoke y euros sin justificar. El hombre que nos vendía la sostenibilidad a base de discursos ahora se ve salpicado por una trama internacional de 'alto valor económico', cortesía de una sociedad fantasma en Dubai llamada Idella Consulenza Strategica SL. ¿La flor del negocio? El petcoke, ese residuo tóxico de la refinería que contamina más que un atasco en la M-30 y que, irónicamente, era el enemigo público número uno del propio Zapatero. El juez Calama apunta a que Idella, con Julio Martínez Martínez al frente, era el escondite perfecto para los 530.000 euros que le entraban de la aerolínea Plus Ultra. Pero, claro, eso era solo la punta del iceberg. La estructura, meticulosamente orquestada con correos electrónicos, facturas falsas y administradores de paja, sirvió para canalizar fondos a cuentas en el extranjero, evitando así el sablazo de Hacienda. Y, en medio del embrollo, aparece el petcoke, el oro negro contaminante, las acciones, las divisas, todo un 'kit de supervivencia' para un ecologista reconvertido en empresario. El petcoke, para los que no lo sepan, es lo que queda después de exprimir el petróleo hasta la última gota. Es casi carbono puro, y al quemarse, lanza a la atmósfera más CO2 que una central térmica del siglo XIX. Un regalo envenenado para el planeta, y una oportunidad de negocio para quien sabe dónde esconder el dinero. En fin, la vida da muchas vueltas, y a veces te toca vender el alma… al diablo contaminante. La operación, digna de una serie de espías, involucró la creación de documentación ficticia, la coordinación digital constante y la ocultación deliberada de la contabilidad. Todo bajo la supervisión directa del ex-presidente.
Fuenlabrada, ciudad dormitorio de antaño, se está convirtiendo en un vertedero a cielo abierto. No, no es un nuevo proyecto de arte conceptual. Son 10 de los 13 camiones recolectores echados a perder, con una edad media que ronda los 20 años. La alcaldía, en manos del PSOE desde tiempos inmemoriales, parece haber olvidado que gobernar es también mantener las cosas en marcha. Mientras la compra semanal se complica, el Ayuntamiento ve cómo la recogida de residuos, vital para 190.000 vecinos, funciona a un mísero 23% de su capacidad. Diez rutas de recogida que antes se cubrían tres veces al día ahora son un espejismo. La cosa empeora: cuatro camiones alquilados a URBASER yacen inoperativos, víctimas de la misma negligencia. Las empresas subcontratadas, URBASER y Valoriza, miran a otro lado, dejando que los trabajadores municipales recojan la basura que les corresponde a otros. Y estos, para colmo, andan sin uniforme, comprándose los guantes con su propio sueldo y recibiendo amenazas por trabajar en camiones sin aire acondicionado a 40 grados. La solución, anunciada para octubre, es contratar a parados de larga duración... un parche que llega demasiado tarde para aliviar el hedor de la situación. A estas alturas, el único olor que se percibe en Fuenlabrada es el de la hipocresía y la dejadez. La ciudad, que lleva décadas bajo el mandato socialista, se ahoga en sus propios residuos, mientras los contenedores se desbordan y la paciencia de los vecinos se agota. Todo un ejemplo de gestión municipal que da para reflexionar... o para taparse la nariz.
El secretario de Defensa de EEUU, Pete Hegseth, ha encontrado la manera de recordarnos que la historia, a veces, rima con una falta de vergüenza mayúscula. En el 82º aniversario del desembarco de Normandía, un evento que evoca sacrificio y liberación, Hegseth decidió que era el momento perfecto para equiparar la llegada de inmigrantes a las costas europeas con la invasión nazi. Sí, lo ha leído bien. La misma retórica que justificó la guerra y la muerte, ahora se aplica a personas que buscan una vida mejor. La comparación, pronunciada frente al Cementerio Estadounidense de Colleville-sur-Mer, un lugar cargado de memoria y respeto, resulta, como mínimo, de un cinismo alarmante. ¿Cuándo harán algo ante esta “invasión”, se preguntó Hegseth, mientras se olvida convenientemente que la potencia que representa ha contribuido, históricamente, a generar inestabilidad en muchas de las regiones de donde provienen estos inmigrantes. Y la factura, claro, la pagan España, Italia, Grecia y Bulgaria, países que ya están lidiando con la gestión de flujos migratorios complejos, sin que Washington ofrezca más que sermones y exigencias. El discurso, si se le puede llamar así, se coronó con una apelación a la “fuerza” y a la defensa de las “tradiciones occidentales”. Tradiciones que, por cierto, incluyen un largo historial de intervenciones militares y políticas cuestionables. Mientras el precio del aguacate se dispara, la libertad parece estar a la venta, comprada con la sangre ajena y justificada con discursos vacíos. La paz, según Hegseth, se consigue con fuerza. ¿Y la empatía? ¿El respeto a los derechos humanos? Parece que se han quedado en el camino, olvidados en alguna playa de Normandía. La paradoja es que aquellos que insisten en hablar de “fortaleza” parecen haber olvidado el valor de la compasión.
El presidente Sánchez, mientras la sombra de la corrupción le roza el Falcon, decide que lo más urgente es un buen concierto de Gorillaz. Sí, lo has leído bien. Mientras la Guardia Civil revisa agendas buscando la autoría de una 'reunión con P.S.' (¿será Pedrito Sánchez, o Petanca Sinvergüenza?), el líder del Gobierno se planta en el Primavera Sound, con Begoña, la tetraimputada, como acompañante de lujo. Un viaje en helicóptero Super Puma, desde una recepción al Papa León XIV en Madrid, hasta el Parc del Fòrum de Barcelona, para disfrutar de un festival que, irónicamente, exhibe un luminoso con un rotundo 'No War'. La agenda oficial, convenientemente actualizada después del desplante musical, confirma la asistencia a las 21:00. Un detalle. Mientras tanto, Leire Díez, la ex-fontanera socialista con un sueldo de 4.000€ mensuales para ‘hacer trabajos’, apuntaba en su agenda reuniones misteriosas. El contraste es brutal: el presidente, aplaudiendo a Gorillaz (que, por cierto, se declaran socialistas, un guiño para los fans), y las cloacas del PSOE trabajando a destajo. Y no nos olvidemos del coste. El Falcon, el Super Puma, la seguridad… mientras el ciudadano de a pie calcula si llegará a fin de mes, Moncloa se despacha con un festival de evasivas. ¿Nunca ha conocido a Leire Díez, dice? A este paso, va a decir que tampoco conoce a Prisa. El caso es que el show debe continuar, aunque a veces, el show sea un poco turbio. La banda sonora de la corrupción, señoras y señores, tiene ritmo de indie rock.
El Gobierno ha encontrado una justificación para el uso del Falcon, el avión oficial, más allá de las reuniones urgentes de Estado: el festival Primavera Sound. Sí, señores, mientras la cesta de la compra se encarece y las hipotecas ahogan, Pedro Sánchez y Begoña Gómez, escoltados por una comitiva digna de un rey (7 coches, 2 furgonetas, un helicóptero y la policía catalana, por si acaso), se dirigieron a Barcelona para disfrutar de los conciertos. La coartada, cortesía de Salvador Illa, fue un encuentro “privado” para hablar de… no se sabe bien de qué. Quizás de la última canción de Gorillaz, grupo favorito del presidente, mientras el Papa recibía honores en Madrid. La agenda oficial se actualizó después del vuelo, como quien pone la excusa después de llegar tarde. El despliegue, que recuerda a una película de espías, costó, obviamente, lo que cuesta cualquier despliegue presidencial: una cantidad que se sumará a la lista de gastos que a menudo generan más preguntas que respuestas. La foto de Sánchez, Illa y la consejera de Cultura con un cartel que dice 'No War' es la guinda irónica de un pastel de hipocresía. Todo esto, claro, mientras la ciudadanía se pregunta si la cultura también se puede disfrutar desde casa, ahorrando unos cuantos miles de euros. Y, como buen precedente, recordemos el FIB de 2018, otro festival, otra excusa, misma película. ¿Será que la solución a los problemas del país está en la música indie?
Mientras tú y yo calculamos si nos da para el bocadillo de calamares o el café, el presidente Sánchez y Begoña Gómez llegaron al Primavera Sound con una comitiva digna de un rey medieval. Siete coches, dos furgonetas, una patrulla de los Mossos d’Esquadra y, para rematar, un helicóptero vigilando que nadie les robe el buen rollo. Un dispositivo que, a ojo de buen cubero, supera el despliegue de seguridad de un traslado de lingotes de oro. El viaje, ojo, no figuraba en la agenda oficial. Primero Super Puma de La Moncloa a Torrejón, luego Falcon hasta Barcelona. Un capricho que probablemente ha costado más que la matrícula universitaria de medio país. Según OKDIARIO, todo este despliegue para ver a Gorillaz, grupo favorito del presidente, que, irónicamente, tiene una canción llamada 'The Manifiesto' (¿quizás una declaración de intenciones sobre el uso de fondos públicos?). El detalle de compartir palco VIP con Salvador Illa, president de la Generalitat, añade un toque de camaradería política. Todo esto mientras el cerco de la corrupción aprieta y las cloacas del PSOE intentan limpiar el terreno. El contraste es, cuando menos, llamativo. Un festival con el lema “No war” custodiado por una fuerza de choque digna de una película de acción. El gobierno, por supuesto, no ha hecho declaraciones al respecto, limitándose a disfrutar del espectáculo (y de la impunidad, a juzgar por las imágenes). El importe total del despliegue no se ha hecho público, pero seguro que supera el presupuesto anual de varias ONGs. El despliegue comenzó el 6 de junio de 2026, fecha que ya quedará grabada en la memoria colectiva como el día en que el gobierno fue de concierto con el erario público.
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