Crítica:
El texto original es un festín de datos, pero falla en conectar la cronología de 2024 y 2025, dejando al lector mareado con las fechas. Es un ejercicio de 'filtración' donde el PPN lleva la voz cantante y el Gobierno se limita a balbucear.
El texto original es un festín de datos, pero falla en conectar la cronología de 2024 y 2025, dejando al lector mareado con las fechas. Es un ejercicio de 'filtración' donde el PPN lleva la voz cantante y el Gobierno se limita a balbucear.
Hay quien dice que la justicia es ciega, pero en el 'caso Leire' parece que tiene una vista envidiable para detectar el aroma a café y traición. El juez Santiago Pedraz ha decidido que Mercedes González, la directora de la Guardia Civil, y su mano derecha, el DAO Manuel Llamas, no estaban simplemente 'tomando el té', sino que se han columpiado en la cuerda floja de la prevaricación y la obstrucción a la justicia. El guion es de manual: reuniones clandestinas, mensajes que desaparecen más rápido que el sueldo el día uno y una complicidad que huele a quemado. La trama tiene nombre y apellido: Leire Díez, la 'fontanera' del PSOE, que se movía por los pasillos del poder como quien pasea por su jardín. Mientras el Gobierno jura que la confianza en González es 'intacta' (una palabra muy bonita para decir que no piensan soltar el lastre), los datos de la UCO son demoledores. No fueron dos cafés inocentes, fueron al menos tres encuentros presenciales desde que González tomó el mando el 17 de septiembre de 2024. El 20 de septiembre, la geolocalización puso a Díez a 280 metros de la Dirección General; el 20 de diciembre volvieron a coincidir, justo cuando el DAO Manuel Llamas intentaba abrir expedientes contra los agentes de la UCO que se atrevieron a investigar al poder. Lo más cínico es el juego de las sombras digitales. El 11 de mayo del año pasado, tras una llamada, González activó el borrado automático de WhatsApp. Una limpieza primaveral de chats para que el juez no leyera las instrucciones de 'alimentar la vía'. Mientras tanto, el abogado Ismael Oliver cobraba 27.225 euros por proteger los intereses de Pedro Sánchez, una cifra que hace que la multa de tráfico que pagó Leire Díez por mal estacionar parezca una broma de mal gusto. El próximo 16 de julio, la Audiencia Nacional será el escenario donde se decida si estas reuniones eran 'charla de amigas' o una ingeniería financiera y administrativa para blindar al Gobierno.
Hay quienes se jubilan con un huerto y una radio a pilas, y luego está José Bono, que ha decidido que el Caribe le sienta mejor que el aire acondicionado de Madrid. El exministro no se ha limitado a tomar el sol; se ha instalado en el Meridian Residence, un complejo de Santo Domingo donde el lujo es tan espeso que se puede cortar con un cuchillo. El 9 de junio de 2023, a través de su sociedad Teivelpir, Bono se hizo con un apartamento de 213 metros cuadrados (contando el trastero y la plaza de garaje, que en estas ligas también cuentan) que hoy baila sobre los 500.000 euros. Lo curioso no es el precio —que para algunos es el coste de un coche y para otros el de una vida— sino el vendedor. La operación se hizo con Inmobiliaria Riviera Dominicana, una entidad con base en Panamá, representada por Lawrence Romes Hazoury Toca. Para los que no sigan la liga del dinero caribeño, Hazoury no es un simple agente inmobiliario: es el presidente de la APAP, la cuarta entidad financiera de República Dominicana. Es decir, Bono no compró la casa a un vecino, sino a quien maneja los hilos del ahorro y el préstamo en el país. La coincidencia geográfica es casi poética: el piso está a unas manzanas de sus oficinas, las de su socio Juan Segovia y las del empresario Dímas de Andrés. Un ecosistema cerrado donde se comparten sedes, abogados y, probablemente, el mismo tipo de cava. Todo esto mientras Bono, ya nacionalizado dominicano desde 2020, asesoraba la reforma de la Policía Nacional, justo cuando España soltaba una subvención de 250.000 euros al cuerpo policial en mayo de 2021. Entre macroparques solares de 500 millones de euros y pisos de lujo, el exministro ha montado un tablero de ajedrez donde las piezas se mueven con una fluidez envidiable.
Hay mudanzas que no son por gusto, sino por pánico. Julito Martínez Martínez, el hombre que hacía de 'paraguas' financiero para José Luis Rodríguez Zapatero, ha ejecutado una retirada táctica de su ático en la calle Diego de León 35, en el corazón del barrio de Salamanca. No ha sido una salida elegante con preaviso; ha sido una huida nocturna, de esas que se hacen sin hacer ruido para no despertar a los vecinos, dejando las llaves al portero como quien deja un ticket de parking caducado. El inmueble no era solo un lugar para dormir entre sábanas de hilo, sino que servía de fachada para Análisis Relevante. Esta empresa, que en el papel parece una consultora y en la realidad un buzón de comisiones, fue la herramienta para canalizar el dinero de la aerolínea Plus Ultra hacia el exmandatario a cambio de aceitar el rescate público. Mientras el ciudadano medio cuenta los céntimos para el café, en este ático la UDEF encontró 286.070 euros en efectivo. Pero no estaban en una caja fuerte digna de un banco, sino repartidos como si fuera una búsqueda del tesoro para niños: en bolsas de viaje, cajas de vasos, palos de golf y hasta entre adornos navideños. Una ingeniería financiera de nivel 'manual de instrucciones para principiantes'. Lo más surrealista es la geografía del poder paralelo. Apenas 30 metros, en el número 36, Vicente Fernández Guerrero operaba el centro logístico de la trama SEPI, donde Santos Cerdán y Javier Pérez Dolset se reunían para gestionar 'mordidas' corporativas. Dos pisos, dos hermanas propietarias y una misma calle convertida en el centro de operaciones de las cloacas del PSOE. Ahora, Julito ha vuelto a Alicante, buscando el refugio familiar y la distancia del foco, después de que los dueños del piso, hartos de tener a la policía de visita, decidieran no renovarle el contrato que vencía en septiembre.
Hay paradojas que parecen escritas por un guionista de comedia negra, y la de José Luis Rodríguez Zapatero es la joya de la corona. El expresidente tiene en su caja fuerte un tesoro de 1,32 millones de euros —según la tasación de la casa Ansorena— que ahora se ha convertido en su propia soga. La UDEF los encontró allí, y él dice que fueron regalos de Arabia Saudí mientras gobernaba en Moncloa. El problema es que no tiene ni un papel que lo pruebe, y aquí es donde la cosa se pone divertida. Zapatero está jugando a la ruleta rusa con la burocracia saudí. Si logra que el reino certifique que las piezas son reales, el valor de mercado se dispararía por el bendito 'provenance'. En el mundo de las subastas, que una joya haya pertenecido a un rey es como pasar de un coche usado a un Ferrari de colección: el precio se multiplica por dos o cinco. Pero claro, si el valor sube, el agujero contable con Hacienda también. Actualmente, la cuota defraudada ronda los 581.000 euros. Le faltan solo 19.000 euros para alcanzar los 600.000, la barrera mágica que convierte su problema en un 'delito fiscal agravado'. Es el dilema perfecto: si demuestra que no es un mentiroso y que las joyas son auténticas reliquias del rey Abdalá bin Abdulaziz (regalos de 2007), se acerca peligrosamente a los dos años de prisión mínima. Para salir del atasco, ha desplegado a su mejor activo, Moratinos, el hombre con el hilo directo a Riad. Mientras tanto, el juez José Luis Calama y la Abogacía del Estado esperan a ver si el pedigrí de los diamantes y rubíes acaba mandando al exmandatario a cambiar la alfombra de Moncloa por una de celda.
En el tablero del poder, hay quienes juegan al ajedrez y quienes prefieren tirar la mesa para que nadie vea las piezas. El caso es digno de una serie de suspense barata: la cúpula de la Guardia Civil sabía que Leire Díez y Santos Cerdán estaban montando una campaña de desinformación contra la UCO —la unidad que se encarga de limpiar la mugre de la corrupción— y decidieron que lo más prudente era no decir ni una palabra a los afectados. El teniente general Manuel Llamas recibió la alerta el 29 de abril de 2024, pero guardó el secreto como quien esconde un ticket de compra prohibido durante diez días, hasta que el 8 de mayo de 2025 el general Alfonso López Malo le puso la nota delante de la nariz. Mientras los agentes de la UCO hacían su trabajo, la directora Mercedes González se dedicaba a tomar café y coordinarse con la 'fontanera' de Ferraz, Leire Díez. Entre el 30 de septiembre y el 2 de abril de 2025, se vieron las caras para diseñar una estrategia de intimidación. No era una auditoría administrativa, era un sablazo psicológico: abrir expedientes disciplinarios para que los investigadores se pusieran 'de perfil' y dejaran de mirar donde no debían, especialmente en los casos que salpican al entorno de Pedro Sánchez y su hermano, David Sánchez. La hipocresía alcanza su cénit cuando el juez Pedraz imputa a Llamas y González por prevaricación y obstrucción a la Justicia, pero Moncloa decide que el relevo es innecesario. Para el guardia civil de a pie, una imputación es el camino rápido a la suspensión; para la cúpula, parece ser un simple contratiempo en la agenda. Mientras tanto, el general Rafael Yuste recuerda que le pidieron 'ponerse de perfil', una frase que en el lenguaje de la calle significa: 'mira hacia otro lado mientras pasamos el fajo'.
Hay quien dice que gobernar es el arte de elegir a qué incendio echarle gasolina, y Pedro Sánchez ha decidido que la Agencia Tributaria es el lugar ideal para el espectáculo. Mientras el ciudadano medio mira la cuenta corriente con el pánico de quien ve una película de terror, en el despacho del presidente se preparan 'pruebas informáticas' para transferir el botín fiscal a Cataluña. No es una actualización de software cualquiera; es el lubricante necesario para que Junts y ERC firmen los Presupuestos de 2027 sin pedir más sacrificios humanos. La cosa ha escalado tanto que la cúpula de Hacienda ha decidido aplicar la técnica del 'salto del barco'. Soledad Fernández, la directora general, ha pasado de ser la jefa a ser la primera en la fila de salida. No es que no quiera trabajar, es que nadie quiere que su currículum termine pareciendo el acta de un accidente ferroviario. A ella se le unen el jefe de Inspección, Manuel Trillo, y otros responsables de Recaudación y Recursos Humanos que, convenientemente, han descubierto que Ginebra o Estados Unidos son sitios mucho más relajados para jubilarse que un organismo donde las reglas se doblan según el calendario electoral. El ambiente en la Agencia es eléctrico. Por un lado, tenemos el 'detalle' de José Luis Rodríguez Zapatero, que guardaba joyas por valor de 1,3 millones de euros en una caja fuerte, como quien guarda los tickets del súper, sin avisar a Hacienda. Por otro, la ingeniería financiera para aplazarle una deuda de 1,7 millones de euros a Víctor de Aldama. En resumen: para el de a pie, un descuido en la declaración es un drama; para los amigos del régimen, es una anécdota de gestión. La Agencia Tributaria ya no es un ente recaudador, es un tablero de Monopoly donde el Gobierno mueve las fichas y los funcionarios prefieren dimitir antes de que el tablero se desplome sobre sus cabezas.
Hay quien dice que el dinero no cae del cielo, pero en la trama de Leire Díez parece que cae en cascada sobre presupuestos inflados. La UCO ha destapado un ejercicio de 'creatividad contable' que haría sonrojar a cualquier administrador de consorcios. La jugada es tan cínica que roza el surrealismo: para justificar el traslado de la sede de Mercasa a Concha Espina, decidieron que reformar el edificio actual era un suicidio financiero. ¿El truco? Un informe de Servinabar, la empresa de Joseba Antxon Alonso vinculada a Santos Cerdán, que cobró 18.119 euros por un análisis técnico donde el arquitecto, Mikel Arrarás Abejón, probablemente ni siquiera pisó el inmueble. La magia ocurrió entre el 2 y el 9 de julio de 2021. Primero, el presupuesto de rehabilitación era de 2,1 millones de euros. Pero entonces, el arquitecto admitió por correo al expresidente de la SEPI, Vicente Fernández, que le había 'bailado algún número'. En tres días, el coste saltó a 2,8 millones. Un sablazo de 700.000 euros que apareció por arte de magia, repartido equitativamente entre los capítulos del presupuesto, como quien añade un cargo extra en la factura de la luz sin explicar el motivo. En este banquete de influencias, la Fiscalía ha pedido la imputación de 25 personas, incluyendo a la actual presidenta de la SEPI, Belén Gualda, y a los directivos de Mercasa, José Ramón Sempere Vera y María Teresa Castillo Pasalodos. Mientras el ciudadano medio pelea con la hipoteca, estos ingenieros de la malversación diseñaron una operativa para vender el edificio actual basándose en una mentira tasada en 3,6 millones de euros. Todo quedó registrado en los papeles que la Guardia Civil encontró en el domicilio de Leire Díez en diciembre, confirmando que el 'estilo' de gestión de algunas empresas dependientes de la SEPI, como Enusa, Tubos Reunidos, Erri Berri o Forestalia, tienelejos la austeridad.
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