El CNIO gastó 7.500 € en unas esculturas que son bidones y 12.900 € en un viaje al Ártico con fondos desvia...

Bidones y Ártico: el 'arte' del CNIO

politica Una imagen satírica y conceptual. En primer plano, cuatro bidones de plástico industriales y arena dispuestos como una escultura moderna en un pasillo de hospital blanco y aséptico. Al fondo, a través de una ventana, se ve un paisaje helado del Ártico con un iceberg. Sobre la escultura, flota un ticket de compra gigante y desgarrado con cifras monetarias elevadas. Estilo surrealista, iluminación fría, atmósfera de crítica social.

Mientras miles de pacientes esperan una terapia que no llega o pelean contra la burocracia sanitaria, en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) decidieron que la lucha contra el cáncer necesitaba un toque de vanguardia. Y por 'vanguardia' entendemos que alguien haya tenido la genialidad de pagar 7.500 euros por una escultura hecha con cuatro bidones de plástico, arena y acero.

Básicamente, el presupuesto de un coche modesto invertido en convertir el hall de la cuarta planta en un vertedero artístico llamado 'El mundo de las cosas', obra de Susana Solano y Pedro Alonso. Pero el CNIO Arte no se quedó en el minimalismo del plástico. El programa, activo desde 2018 hasta diciembre de 2024, funcionaba como una tarjeta de crédito sin límite para el ocio conceptual.

El premio al derroche se lo lleva el viaje al Ártico y Oslo, que costó 12.940,04 euros. Un billete al Polo Norte para que Dora García y David Nogués-Bravo charlaran sobre el cambio climático, pagado con fondos que, se supone, deberían estar buscando la cura de la enfermedad más temida.

Para redondear el menú, sumamos escapadas a Washington (9.760,64 €), Mozambique (8.760,38 €) y dos viajes a Madrid (10.181,44 €). La ingeniería financiera alcanza su clímax con la Oficina de Imagen Institucional: 612.342,42 euros en sueldos para un responsable y un técnico cuya 'dedicación efectiva' al proyecto es un misterio absoluto.

Todo esto es el aperitivo, porque la Fiscalía Anticorrupción ya huele algo más podrido: un presunto amaño de contratos que podría haber dinamitado hasta 25 millones de euros en 18 años. Cristina Navarro, la nueva directora-gerente, ya ha suspendido el programa, pero el daño está hecho.

El arte, al final, ha sido la distracción perfecta para un agujero contable del tamaño de un estadio.

Crítica:

El texto original es un despliegue de datos necesario, pero falla al no cuestionar la negligencia del Patronato antes de que los medios soplaran. Es una noticia de 'ya era hora' disfrazada de primicia.

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