El chat de Sánchez con el «desconocido» Ábalos 3 años después de su destitución mientras hablaba en TV: «¡Q...

Sánchez y Ábalos: del WhatsApp al olvido

politica Una ilustración conceptual y satírica. Un teléfono móvil moderno flotando en el vacío, donde la pantalla muestra burbujas de chat que se transforman en grilletes de acero. Alrededor del teléfono, fragmentos de papel oficial rotos y una máscara teatral de porcelana agrietada que representa la falsedad. Estilo editorial moderno, colores contrastados en azul oscuro y dorado, iluminación dramática.

Hay una coreografía fascinante en el ejercicio del poder: esa capacidad de mirar a alguien a la cara en televisión y decir que es un 'gran desconocido', mientras que en la intimidad del WhatsApp se gestionan favores como quien pide un recado en la panadería. La última filtración de los chats entre Pedro Sánchez y José Luis Ábalos es una clase magistral de hipocresía institucional.

Mientras el presidente se dedicaba a borrar el rastro de su antiguo confidente, el 7 de febrero de 2024 —apenas trece días antes de que la Guardia Civil le cayera encima a Koldo García—, Sánchez le lanzaba un «¡Qué paciencia tienes!» tras ver un vídeo de Ábalos toreando a Cayetano Martínez de Irujo en el programa 'Todo Es Mentira'.

Lo irónico es que el 'desconocido' Ábalos no solo era el confidente, sino el chófer político que limpiaba el camino. En enero de 2024, Sánchez no lo usaba para filosofar sobre la democracia, sino para hacer el trabajo sucio en Valencia. Necesitaba que Diana Morant se impusiera sobre Alejandro Soler y, como quien tira de una tarjeta de confianza ya desgastada, le pidió ayuda directa el 26 de enero.

«Ok. Pues te la pido yo», sentenció el presidente. Ábalos, fiel hasta la última gota de ingenuidad, movió los hilos con Santos Cerdán y dejó el tema 'arreglado' el 30 de enero. El contraste es brutal: el presidente utiliza a Ábalos para disciplinar al PSOE valenciano y, acto seguido, lo lanza debajo del autobús cuando el caso Koldo empieza a oler a quemado.

Pasar de un «¡Muchas gracias, José Luis!» a fingir amnesia selectiva es una maniobra de ingeniería financiera emocional que solo alguien en Moncloa podría ejecutar con tanta frialdad. Al final, el 'pescozón' no fue para el noble de Arjona, sino para el propio Ábalos, que descubrió que en la alta política la amistad dura exactamente lo que tarda en llegar la primera citación judicial.

Crítica:

La noticia es un festín de contradicciones, pero se queda corta al no profundizar en la cronología exacta de cuándo Sánchez supo lo de la UCO. El título original es un caos sintáctico, aunque la información es dinamita pura.

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