Hay gente que no sabe lo que es la humildad, y luego está 'Julito' Martínez Martínez. Mientras el ciudadano medio pelea con la factura de la luz o calcula si le llega el sueldo para el alquiler, Julito se paseaba por los pasillos de Plus Ultra recordándoles que el rescate público no había caído del cielo por 'su cara bonita', sino gracias a la maquinaria de influencias de José Luis Rodríguez Zapatero.
Es la eterna historia del 'fixer' que se siente infravalorado: el hombre creía que sus servicios eran una ganga comparado con el festín de fondos públicos que estaba cocinando.
La ingeniería financiera aquí es de manual: empezar con un contrato de 5.000 euros mensuales vía Análisis Relevante para calentar el motor y luego saltar al premio gordo: el 1% de la ayuda pública.
El botín, unos 641.300 euros, se repartió en cómodos plazos entre Análisis Relevante, Voli Analítica e IoT Domotic Europe. Todo adornado con facturas por 'informes' que, según admite el propio documento, eran tan inexistentes o irrelevantes como una promesa electoral en agosto.
Pero el toque maestro es la logística. El presidente de Plus Ultra, Julio Martínez Sola, confesó que le 'pagaron' 69.000 euros en especie: 46 billetes de Business Plus transatlánticos a 1.500 euros la pieza. Julito volaba a Caracas el 22 de enero de 2021, pasaba unas horas en Venezuela y volvía al 23, con tres maletas llenas y el bolsillo vacío de gastos, gracias a que el comisario del Aeropuerto de Barajas, Jesús María Gómez Martin, le tenía el camino alfombrado para evitar 'molestias' en la frontera.
Todo esto mientras el Consejo de Ministros aprobaba el 9 de marzo de 2021 un rescate que soltó 19 millones el 18 de marzo y otros 34 millones el 10 de agosto. Ahora, Julito quiere hacer el 'estilo Víctor de Aldama': cantar todo para evitar la cárcel, demostrando que en este país la sinceridad solo llega cuando el juez tiene la llave de la celda.
Crítica:
La noticia es un despliegue de datos contundentes, aunque se apoya excesivamente en la fuente de OKDIARIO. El título original es un acierto en capturar la arrogancia del implicado, pero el cuerpo del texto es casi un inventario de malversación.
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