Hay quien dice que el liderazgo es saber delegar, pero Pedro Sánchez ha llevado la delegación a un nivel submarino. Mientras el país intenta cuadrar las cuentas y el ciudadano medio mira el ticket del supermercado con pavor, el presidente ha decidido que el Puerto Rubicón es el sitio ideal para practicar el buceo, convenientemente escoltado por una Zodiac de la Guardia Civil.
El despliegue es digno de una película de James Bond, pero con presupuesto público: cámaras en cada esquina de La Mareta y 40 agentes de élite rastreando hasta las rocas para que el jefe no se moje más de la cuenta.
La cronología del relax es fascinante. El viernes, Sánchez preside una videoconferencia sobre la invasión migratoria en Ceuta y, acto seguido, como quien cambia de camisa, se desliza hacia las profundidades.
Salió de Puerto Rubicón a las 11:16 horas y regresó a las 12:53, flanqueado por una escolta que hace que un viaje al dentista parezca una excursión escolar. No es un hecho aislado; el lunes 3 de agosto ya había repetido la jugada desde Puerto Calero a las 11:47 horas con el mismo dispositivo.
Ahora, HazteOir ha decidido jugar al detective contable y reclama al Ministerio del Interior que explique el coste de este 'taxi acuático' oficial.
La paradoja es deliciosa: mientras los agentes en Barbate luchan contra el narcotráfico con los recursos que tengan a mano, una Zodiac se dedica a hacer de shuttle recreativo. Es la ingeniería del privilegio: usar los medios del Estado para que las vacaciones en Lanzarote tengan el brillo del poder, mientras la seguridad fronteriza espera turno en la lista de prioridades.
Crítica:
La noticia original es un panfleto de OKDIARIO con nulo rigor, que confunde la seguridad presidencial obligatoria con un servicio de ocio. Falta el dato clave: si el coste es extraordinario o entra en el presupuesto estándar de seguridad del jefe de Estado.
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