En este país, la ética parece ser un accesorio opcional, como el cilantro en los tacos. Mientras el ciudadano medio hace malabares con la tarjeta para que el saldo no se vuelva rojo antes del día veinte, Zaida Isabel Fernández Toro ha descubierto el arte de la 'diversificación de ingresos' con una naturalidad pasmosa.
No es que haya inventado la pólvora, es que ha sabido leer la letra pequeña de los consejos de administración.
La abogada del Estado, que ahora mismo se dedica a pelearse judicialmente con el juez Peinado —el mismo que lleva la causa contra la mujer de Pedro Sánchez—, ha sumado en su cuenta corriente unos 44.848 euros.
Un sablazo elegante, repartido entre dos sociedades mercantiles estatales que, curiosamente, no ponen objeciones a pagar. Por un lado, Enisa le ha soltado 20.000,34 euros: 16.200,34 en dietas por asistir a reuniones y otros 3.800 euros por pasar por la Comisión de Auditoría. Básicamente, cobrar por estar presente y asentir en el momento adecuado desde su nombramiento el 28 de noviembre de 2023 hasta julio de 2026.
Pero como una sola fuente de ingresos es para aficionados, entró en juego Hunosa.
Allí, entre reuniones mensuales y cafés institucionales, ha acumulado otros 24.848 euros desde 2024 hasta 2026. El despliegue es fascinante: tres reuniones en 2023, ocho en 2024, diez en 2025 y siete en 2026. Todo bajo el paraguas de la 'normativa aplicable', ese escudo mágico que convierte un ingreso extra en una mera formalidad administrativa.
Lo más irónico es que Fernández Toro intentó jugar la carta de la intimidad personal para que estos datos no salieran a la luz, pero la propia empresa pública le recordó que cobrar dinero público por funciones institucionales no es precisamente un secreto de alcoba, sino un dato de interés general.
Una lección de transparencia forzada que nos deja claro que, en el tablero del poder, las dietas siempre llegan a tiempo.
Crítica:
El texto original es una sucesión de datos administrativos que ocultan la verdadera pregunta: ¿es ético cobrar dietas de empresas públicas mientras se ejerce una defensa política agresiva? Demasiado respeto por la 'normativa' y poca hambre de cuestionar el conflicto de intereses.
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