El PSOE denuncia los atascos en Mallorca tras colapsar las carreteras que no reformaron en sus 8 años de go...

Mallorca: el arte de culpar al vecino

politica Una ilustración satírica de una carretera infinita y colapsada en una isla mediterránea. En primer plano, dos políticos vestidos de traje discutiendo acaloradamente mientras señalan el tráfico, ignorando que ambos están parados sobre un agujero enorme en el asfalto con un cartel que dice 'Obra paralizada'. Estilo editorial de revista, colores vibrantes, atmósfera irónica.

Hay un arte casi místico en la capacidad de algunos políticos para señalar el incendio mientras sostienen el bidón de gasolina. El PSOE mallorquín ha decidido que es el momento perfecto para lamentar los atascos de la isla, olvidando convenientemente que durante ocho años el Consell y el Govern fueron su patio de recreo.

Es la clásica maniobra de quien deja la cocina sucia durante una década y, al ver que el relevo no ha terminado de fregar los platos, denuncia que el establecimiento es insalubre. La memoria es selectiva, pero los datos son tercos. Mientras Catalina Cladera y Francina Armengol timoneaban la isla, proyectos como la carretera Selva-Campanet se quedaron en un limbo burocrático: empezaron antes de 2015, se congelaron en 2018 y llegaron a 2023 sin que nadie moviera una piedra.

Fue una gestión de 'cajón', donde el segundo cinturón de Palma y las mejoras en la Serra de Tramuntana quedaron archivados, probablemente junto a las promesas de movilidad sostenible que Podemos gestionaba con la eficacia de un semáforo roto. Ahora, Jaume Mateu se pone la túnica de juez y tacha de «fracaso rotundo» la gestión de Llorenç Galmés.

Le echa en cara que no haya ejecutado los 26 viales cívicos prometidos ni los 164 millones para los accesos a Palma. Es un duelo de listas: la lista de promesas incumplidas del PP frente a la lista de obras jamás iniciadas del PSOE. El colofón es la Ley de limitación de vehículos para el verano de 2027; el PSOE dice que es imposible, mientras que Galmés ya se lo juró al Rey Felipe VI.

Al final, el ciudadano sigue atrapado en la misma rotonda, viendo cómo los políticos juegan al ping-pong con el asfalto mientras el transporte público sigue siendo una sugerencia más que una solución.

Crítica:

El texto original es un ejercicio de contraste evidente, pero peca de ser demasiado complaciente con la narrativa del PP. Falta un análisis técnico sobre por qué esos proyectos se paralizaron realmente más allá del color del partido.

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