Marruecos reclama Ceuta y Melilla tras el asalto: «Este asunto sigue sobre la mesa»

Marruecos quiere Ceuta y Melilla: paciencia cínica

politica Una ilustración conceptual y satírica. Un tablero de ajedrez donde las piezas son mapas simplificados de Ceuta y Melilla. Una mano elegante con un anillo dorado mueve una pieza con lentitud, mientras que al fondo se ve una frontera con vallas metálicas y sombras de personas. Estilo editorial de revista política, colores contrastados, atmósfera de tensión diplomática.

Hay quien dice que la diplomacia es el arte de decir 'buenos días' mientras revisas si la puerta del vecino tiene el cerrojo flojo. Abdellatif Ouahbi, el ministro de Justicia de Marruecos, acaba de recordarnos desde Estambul que Ceuta y Melilla no son un recuerdo olvidado, sino un plato que sigue sobre la mesa, calentándose a fuego lento.

La jugada es maestra: dos semanas después de un asalto masivo a Ceuta, Rabat sale a decir que tiene 'paciencia', una palabra que en lenguaje político suele significar 'no tengo prisa porque sé que el tiempo juega a mi favor'. Es como aquel primo que te pide prestado el coche y te dice que 'eventualmente' te lo devolverá, pero mientras tanto, se siente el dueño del asiento del conductor. Ouahbi, en una entrevista con Asharq News, ha desplegado el manual completo del cinismo institucional.

Por un lado, jura y perjura que no usa la inmigración como herramienta de presión —como quien niega que el mando de la tele esté escondido bajo el sofá mientras el otro lo busca desesperado—, pero acto seguido lanza un dardo envenenado a Madrid. Acusa a España de regalar permisos de residencia a los inmigrantes, convirtiendo la frontera en una especie de puerta giratoria donde Marruecos pone el muro y España, supuestamente, pone la alfombra roja.

El contraste es delirante. Mientras Rabat se llena la boca hablando de 'diálogo' y 'valores islámicos' para exigir que los menores regresen a su tierra, admite que Europa vacía sus universidades de médicos e ingenieros mediante una 'selectividad' económica que les conviene.

Básicamente, nos dicen que no quieren ser nuestra policía, pero que tampoco quieren que nos llevemos el talento que ellos pagan. Una negociación donde Marruecos pide las llaves de la casa, pero se queja de que no limpiamos el pasillo.

Crítica:

La noticia se limita a transcribir las declaraciones sin contrastar la veracidad de las acusaciones sobre los permisos de residencia. Es un megáfono de la narrativa marroquí sin el contrapunto necesario de la cancillería española.

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