Hay quien dice que el lujo es un estado mental, pero para Pedro Sánchez es un despliegue logístico coordinado por La Moncloa. Mientras el presidente se sumerge en las aguas de Lanzarote para practicar su deporte favorito, el Estado juega al escondite. Resulta fascinante que, para garantizar la 'privacidad' del jefe del Ejecutivo, se haya ordenado tapar el nombre de la Guardia Civil en la zodiac del GEAS.
Es la paradoja perfecta: usar el dinero público para que no parezca que se usa el dinero público.
Para que el presidente pueda flotar tranquilo, el GEAS ha tenido que desplazar una de las tres embarcaciones que dispone en Las Palmas hacia Lanzarote. Mientras tanto, en el mundo real, la Benemérita arrastra un agujero de 17.000 plazas vacantes que hacen que cubrir misiones básicas sea un deporte de riesgo.
Pero ojo, que el protocolo es sagrado: dos buzos del GEAS por inmersión, inspección previa de bombonas y trajes, y una coreografía de lanchas donde la oficial se mantiene a distancia de la alquilada para no romper la estética de 'vacaciones privadas'.
El contraste es casi poético.
El lunes, mientras Sánchez exploraba el fondo marino, el presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, se reunía con el ministro Ángel Víctor Torres para gestionar el caos de entre 8.000 y 11.000 inmigrantes ilegales en su ciudad. Prioridades. Además, el blindaje no acaba en el agua.
La Residencia Real de La Mareta se ha convertido en un búnker con 40 guardias del Grupo de Reserva y Seguridad, cámaras antipaparazzi y una zona de exclusión marítima de 732.202 m². Básicamente, un kilómetro de mar donde nadie puede navegar para que el presidente pueda relajarse sin que el ruido del mundo real —o de los contribuyentes— le moleste el buceo.
Crítica:
El texto original es un despliegue de datos logísticos que rozan la obsesión, pero acierta al contrastar el ocio presidencial con la crisis de Ceuta. Le falta profundidad en el coste económico real de desplazar medios de Las Palmas a Lanzarote.
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